
Con un discurso tibio, alejado de la realidad y con muchas inconsistencias, Hissa inauguró un nuevo periodo de sesiones ordinarias
Redacción
Silencio. Ni aplausos, ni entusiasmo. Solo el murmullo apagado de un recinto que parecía haberse resignado antes de que el intendente terminara de hablar. Jorge Gastón Hissa cerró su discurso de apertura de sesiones en el Concejo Deliberante de San Luis y volvió a su despacho en soledad, rodeado apenas por su círculo de funcionarios, sin que nadie se acercara a saludarlo.
No hubo ovaciones, ni siquiera gestos de cortesía. Lo que sí hubo fue una catarata de números difíciles de comprobar, promesas reutilizadas y un relato que choca de frente con la realidad cotidiana de los vecinos.
Hissa habló de un San Luis en crecimiento, con cientos de luminarias LED instaladas, repavimentaciones a gran escala y castraciones masivas de animales callejeros. Datos que, sin transparencia ni precisiones, generan más dudas que certezas. ¿Dónde están todas esas obras y los informes que las respalden?
Pero el problema no es solo la falta de verificación. Es la desconexión. Porque mientras el intendente elogia su gestión, la ciudad sigue con calles a oscuras, baches crónicos y servicios públicos en estado de emergencia.
“La Municipalidad apagó la ciudad el año pasado y ahora quiere vender el mantenimiento como si fueran obras”, ironizó un concejal. Y no le falta razón.
En un intento de desviar la conversación, Hissa volvió a recurrir al viejo recurso del relato anticorrupción. Señaló gestiones anteriores, deslizó críticas y buscó instalar la idea de que su administración es un faro de transparencia.
Sin embargo, omitió algunos detalles incómodos. Por ejemplo, que su gestión no envió las últimas dos rendiciones trimestrales. Tampoco dijo nada de los sobresueldos que cobran sus funcionarios, la flexibilización irregular de las compras públicas o la presencia de condenados en su gabinete. Uno de ellos, Edgar Magallanes, escuchó el discurso desde el recinto.
También estuvieron presentes figuras llamativas, como Facundo Santarone, el financista del poggismo, cuya presencia nadie explicó, y Luis Lucero Guillet, un funcionario municipal que pasa el año en la sombra y solo aparece en eventos clave. La ausencia que más hizo ruido fue la del gobernador, Claudio Poggi.
La puesta en escena tampoco ayudó. Se bloquearon calles, se montó un operativo de seguridad, pero apenas unas treinta personas presenciaron la sesión, entre funcionarios, sindicalistas y algún que otro puntero político. Un despliegue desproporcionado para un acto que pasó sin pena ni gloria.
Mientras tanto, los vecinos siguen esperando respuestas. Sobre los aumentos de sueldo municipales que no se mencionaron, sobre la falta de publicación de decretos, sobre las compras directas sin control. Pero, sobre todo, sobre un modelo de gestión que, más que gobernar, parece dedicado a seguir narrando una ficción.



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