
Álvarez Pinto: el gran equilibrista de la UCR llega al ministerio de Turismo
Redacción
El intendente de Villa de Merlo, Juan Álvarez Pinto, ha decidido dar el salto. Dejando la intendencia de su ciudad a la deriva, este lunes 23 de diciembre jurará como nuevo ministro de Turismo y Cultura de San Luis, de la mano de Claudio Poggi. Una movida que, lejos de ser celebrada, ha encendido un coro de críticas dentro de la Unión Cívica Radical (UCR), su propio partido.
Álvarez Pinto, actual presidente del comité radical, parece haber encontrado un atajo político para consolidar su protagonismo en la alianza con Poggi. Pero el precio que pagará la UCR por este nuevo rol protagónico no parece barato. A los cuestionamientos sobre la dirección que está tomando el partido se suman las broncas internas de los dirigentes que ven en esta jugada un claro ejemplo de “obediencia debida” al gobernador.
El descontento no se genera en el vacío. Los antecedentes hablan por sí solos: Juan Manuel Rigau, ex subsecretario de Turismo, renunció tras el escándalo provocado por Gonzalo Mastronardi, un hombre cercano a Álvarez Pinto. Mastronardi, con su paso accidentado y polémico por el Ministerio, terminó dejando un agujero difícil de disimular. Primero fueron sus frases desafortunadas, pero lo que realmente encendió las alarmas fueron los gastos millonarios de un festival en Merlo, que Rigau intentó tapar para proteger a su aliado.
Ahora, con Álvarez Pinto al frente de la cartera de Turismo, el radicalismo queda en una posición incómoda. Muchos dentro del partido ven a su líder más interesado en agachar la cabeza frente a Poggi que en defender los intereses de la UCR. Y si bien se intentó disfrazar su nombramiento bajo el manto de una "terna", nadie se cree esa historia: Pinto manejó los hilos, se autocolocó la corona y fingió que todo era un favor al partido.
Los radicales históricos no ocultan su descontento. Para ellos, este es otro episodio que demuestra cómo el partido se convierte en una herramienta útil únicamente cuando es funcional al oficialismo. Es una "exclusividad" ministerial que solo beneficia a quienes están dispuestos a jugar según las reglas de Poggi, incluso si eso significa sacrificar la autonomía partidaria.
En los pasillos, los cuchicheos son incesantes. Algunos ven en este movimiento un intento desesperado de Álvarez Pinto por mantenerse en el radar político a costa de la fractura interna de su partido. Otros piensan que, más que un líder, Pinto se ha convertido en un equilibrista que busca sobrevivir mientras el barco del radicalismo se hunde lentamente en las aguas de la conveniencia política.
El fondo de olla para la UCR no puede ser más claro: no hay espacio para quienes no se alineen. El problema es que, en este juego, la "alianza estratégica" con Poggi se está cobrando su precio, y el radicalismo parece ser el que pone las monedas.


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