
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
La reciente victoria judicial de ATE en San Luis, donde la Justicia falló a favor del sindicato en la causa persecutoria que las gestiones del gobernador Claudio Poggi y el intendente Gastón Hissa impulsaron en su contra, ha despertado una tormenta política. El jueves, una manifestación frente a los tribunales provinciales reunió a cientos de militantes sindicales, celebrando con respaldo popular lo que interpretaron como un triunfo contra la represión.
Esta escena de júbilo fue un golpe amargo para el oficialismo, que no tardó en manifestar su indignación. Lo que más parece molestar al poggismo no es solo la derrota judicial, sino ver a la oposición —que se supone debería estar desarticulada— festejando con entusiasmo. Para ellos, una oposición derrotada no debería tener motivos para sonreír, y mucho menos para confiar en la Justicia.
El proyecto político de Poggi ha sido diseñado para hostigar y desarticular a sus opositores. Durante su mandato, la oposición ha sido blanco de despidos arbitrarios, campañas mediáticas hostiles y una narrativa que busca estigmatizar cualquier disidencia. Sin embargo, la realidad está desmoronando este plan. Lejos de ser debilitados, los sindicatos ganan cada vez más apoyo de los trabajadores, no solo por sus méritos, sino también por las políticas de ajuste impulsadas desde el gobierno provincial.
En este contexto, la oposición en San Luis, tanto en la Legislatura como en el Concejo Deliberante de la capital, ha ido ganando relevancia. Denuncian con mayor fuerza las irregularidades, los escándalos financieros y la corrupción que manchan las gestiones de Poggi y Hissa. Lo que para el oficialismo parecía una bala de plata —el intento de sofocar la alegría opositora— ha resultado ser otro fracaso garrafal.
Las editoriales llenas de rabia y resentimiento, publicadas por las plumas afines al poggismo y amplificadas por los medios oficialistas, demuestran que el gobierno ha perdido otra vez en su terreno preferido: el de la denuncia y las operaciones mediáticas. En menos de un año, las administraciones de Poggi y Hissa ya están profundamente marcadas por el escándalo, la corrupción y el desmanejo financiero.
El oficialismo, atrapado en su desconcierto, parece incapaz de comprender cómo es posible que la oposición, después de perder las elecciones, siga adelante con tanto entusiasmo. "¿Cómo pueden estar contentos?", se preguntan, incrédulos. En su lógica, quienes son derrotados deberían estar sumidos en la desesperanza. Pero la oposición, lejos de rendirse, ha adoptado un espíritu combativo.
Como lo dijo Arturo Jauretche: "Nada grande se puede hacer sin alegría; nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos". Esta lección parece haber sido comprendida por la oposición peronista, que, unida, enfrenta con firmeza los embates del oficialismo. Siempre con alegría, esa que no se puede robar, ni comprar.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
Asegura que su gestión repavimentó más de 100 calles, pero en la realidad los vecinos dicen no verlas. Denuncian accidentes por los baches y se multiplican las críticas en las redes sociales.
En una de las reuniones de gabinete más calientes, el gobernador advirtió que Rodríguez Saá todavía tiene poder y pone nerviosa a toda la gestión.
Insólito e increíble. Eugenia Gallardo dijo en el canal oficial que el gobernador la nombró luego de mandarle algunos tips sobre el plan. Docentes y padres preocupados por la improvisación estatal.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.