
Hissa y la mitomanía como política de gestión
Redacción
Gastón Hissa enfrenta una de las críticas más severas de su corta gestión: la mitomanía política. Esta semana, sus propias redes sociales le dieron un golpe a su narrativa. Tras declarar que las luces LED instaladas en la gestión de Sergio Tamayo eran chinas y de mala calidad, se comprobó que el modelo que ahora coloca es exactamente el mismo. Una mentira que se vuelve otro tiro en el pie, dejándolo en evidencia ante los vecinos, quienes cada día pierden más la fe en sus palabras.
Hissa parece más preocupado en sostener su versión de los hechos que en resolver los problemas reales de San Luis. La situación es tal que hasta los propios empleados de Alumbrado Público lo desmienten: denuncian que el “reemplazo” de luces se limita a zonas estratégicas solo para actos oficiales, en una escenificación controlada por el hermano del intendente. Según los municipales, el recambio real es mínimo, y las “nuevas instalaciones” son un simple maquillaje para la foto.

Un foco de interés es el valor de las luminarias, si bien existe una escala de precios, las mismas luminarias han sido cotizadas en un valor mucho más alto que los reales. Lo que lleva a preguntarse si el supuesto recambio, en lugares que ya existe, no es más que un negocio y no una política pública.
La desconexión entre el discurso del intendente capitalino y la realidad es abrumadora. En diez meses de gestión, Hissa no solo ha fallado en mejorar la ciudad, sino que tampoco ha alcanzado el nivel de resultados de su predecesor, quien colocó más de 18 mil luminarias, frente a las apenas 4 mil que Hissa puede acreditar. En sus informes de gestión, intenta sumar números que no coinciden con lo que ven los vecinos.
Cambiar luces donde ya existen, mientras la basura se acumula, el agua potable escasea y las calles se deterioran cada vez más. Los comentarios en sus propias publicaciones son un recordatorio constante de su falta de credibilidad y de la frustración de una comunidad que observa cómo se gasta en propaganda mientras las necesidades reales de la ciudad son ignoradas.
Sin autocrítica, rodeado de un gabinete con prácticas opacas que incluyen sobresueldos y cuestiones poco claras, el jefe comunal avanza en una gestión marcada por el engaño y la incapacidad. Cada semana, Hissa parece desbloquear una nueva mentira, dejando claro que sus 12 años de preparación para gobernar solo le han servido para crear un relato desgastado y repetitivo que apenas roza la realidad.



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