Otra tragedia en la fuerza. ¿Quién contiene a los policías?

A pesar de los anuncios oficiales, nunca se implementó un plan real de asistencia psicológica.

Actualidad27 de enero de 2025RedacciónRedacción
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La Policía de San Luis suma otra tragedia a su historial. Este sábado, el subcomisario Julio Alcaraz fue encontrado sin vida en su hogar del Barrio 134 Viviendas, víctima de un disparo que, según las primeras investigaciones, habría sido autoinfligido. La noticia sacudió nuevamente a una fuerza policial que parece estar ahogándose en el abandono institucional.

Alcaraz se encontraba en una polémica lista de efectivos obligados a “reencasillarse” al escalafón de suboficiales, bajo la amenaza de quedar fuera del camino hacia el ascenso si no aceptaban la medida en apenas siete días. Un ultimátum que suena más a castigo que a gestión.

Es imposible ignorar que esto ocurre bajo la mirada de la ministra de Seguridad, Nancy Sosa, y del gobernador Claudio Poggi, quienes han postergado sistemáticamente una respuesta seria a los problemas de salud mental en la policía. La tragedia de Alcaraz no es un caso aislado: la memoria todavía guarda el estremecedor episodio de Mariana Abigail Silva, la oficial que, en medio de un aparente colapso psicológico, asesinó a sus dos hijos.

Ambos casos son apenas la punta de un iceberg que crece en silencio. Suicidios, crisis emocionales y episodios de violencia extrema dentro de la fuerza son un recordatorio constante de un problema estructural que se niega a ser atendido.

El Ministerio de Seguridad ha anunciado programas de acompañamiento psicológico, pero el resultado es tan vacío como las respuestas oficiales. La soledad parece ser la única constante en la vida de los oficiales. Vecinos de Alcaraz reportaron el disparo que alertó a sus compañeros. Apenas unos días antes, la institución lo había saludado públicamente por su cumpleaños. Un gesto insólito, que contrasta con la indiferencia ante su sufrimiento.

La ministra Sosa, fiel a su estilo, guarda silencio. Un silencio que, en este contexto, dice más que cualquier comunicado. Mientras tanto, la fuerza policial se hunde en un círculo vicioso de presión, abandono y tragedia. ¿Cuántas vidas más se necesitan para que la salud mental sea prioridad?

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