
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
El rector de la UNSL y presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, enfrenta una dualidad política que lo fragmenta entre su rol como defensor de la educación pública a nivel nacional y su apoyo incondicional al oficialismo provincial en San Luis. ¿Qué sucede cuando las dos caras de un dirigente chocan entre sí?
Actualidad10 de octubre de 2024En la escena política de San Luis, Víctor Moriñigo, rector de la Universidad Nacional y presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), ha desarrollado un curioso juego de dobles. Al frente del CIN, se presenta como el defensor intransigente de la educación pública, denunciando los ajustes que se avecinan bajo el gobierno de Javier Milei. Pero en su tierra, su discurso cambia drásticamente: se alinea sin cuestionamientos con el oficialismo provincial, incluso cuando las políticas de su espacio han deteriorado las condiciones educativas locales.
Este desdoblamiento ha dado lugar a lo que algunos llaman “los gemelos Moriñigo”.
Por un lado, tenemos al gemelo, defensor de la educación pública, quien, desde su tribuna nacional, arremete con fiereza contra el inminente recorte de fondos que se cierne sobre las universidades públicas bajo la gestión de Javier Milei. Aquí, el discurso es claro: la educación es un derecho, y su deber como líder del CIN es salvaguardarlo. Los gestos son solemnes, las palabras medidas pero contundentes. No cabe duda de que este Moriñigo está comprometido con la causa educativa. Es el héroe que, con capa y espada, se enfrenta a los embates neoliberales que buscan desfinanciar el futuro de millones de estudiantes.
Pero claro, en San Luis todo se sabe. En casa emerge su otro gemelo: el poggista militante, un fiel escudero del gobernador Claudio Poggi.. ¿Acaso este no recuerda la intervención en la Universidad de La Punta o los paupérrimos salarios docentes que apenas rozan la canasta básica? Claro que lo recuerda, pero prefiere no mencionarlo. El hermano sanluiseño está demasiado ocupado defendiendo el proyecto de gobierno oficialista, aunque ese mismo gobierno convalide, a nivel nacional, el ajuste brutal que tanto denuncia el Moriñigo académico.
Es inevitable preguntarse: ¿qué sucede dentro de la mente del rector? Es como si viviera permanentemente en una versión moderna del "Doctor Jekyll y Mister Hyde". De día, el defensor aguerrido de la educación pública. De noche, el soldado político que cierra filas con Poggi, aunque eso implique pisotear todo lo que su otro gemelo predica.
Esta dualidad no ha pasado desapercibida. De hecho, el exgobernador Alberto Rodríguez Saá no ha dudado en tildarlo de "tartufo", esa figura del teatro francés inmortalizada por Molière, el maestro del disimulo, el experto en decir una cosa y hacer otra. Un apodo que, para desgracia del rector, parece ajustarle como un guante.
Pero la cuestión de fondo sigue siendo la misma: ¿Quién es realmente Víctor Moriñigo? ¿Es el paladín de la educación pública o el oportunista que juega a dos bandas, dependiendo de a quién le hable y en qué contexto se encuentre? En la arena nacional, se indigna con el recorte de Milei; en la arena local, guarda un cómplice silencio ante el descalabro educativo de su propia provincia.
Este doble juego ha comenzado a generar una grieta dentro de su propio espacio político. Las aspiraciones de proyectarse más allá del ámbito universitario parecen hoy en peligro, atrapadas en una encrucijada moral de la que no será fácil escapar. Porque, al final del día, los gemelos Moriñigo pueden coexistir, pero difícilmente prevalecerán ambos.
El dilema no es nuevo, claro está. La política argentina está llena de dualidades, de figuras que intentan ser muchas cosas a la vez, para muchos públicos distintos. Pero el caso de Moriñigo es, sin duda, uno de los más llamativos, porque sus dos gemelos ya no logran ocultarse el uno al otro. Lo que en algún momento pudo ser un juego de equilibrios, hoy amenaza con convertirse en una lucha interna que lo llevará al descrédito o al ocaso.
Y es que, como dice el dicho: "en política, se puede engañar a algunos todo el tiempo, o a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo". Los gemelos de Moriñigo, con cada aparición, dejan al descubierto que, al final del día, uno de los dos quedará en el camino.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
Asegura que su gestión repavimentó más de 100 calles, pero en la realidad los vecinos dicen no verlas. Denuncian accidentes por los baches y se multiplican las críticas en las redes sociales.
En una de las reuniones de gabinete más calientes, el gobernador advirtió que Rodríguez Saá todavía tiene poder y pone nerviosa a toda la gestión.
Insólito e increíble. Eugenia Gallardo dijo en el canal oficial que el gobernador la nombró luego de mandarle algunos tips sobre el plan. Docentes y padres preocupados por la improvisación estatal.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.