
Buenas y santas, esta semana los invitamos a recorrer el chusmerío político de San Luis que incluye vuelos vips, funcionarios usando chicos para la campaña y otros disfrutando de playas paradisíacas.
El menú también trae una pizca de mediocridad de los concejales que responden a Hissa y dos adelantos de lo que prometen convertirse en los escándalos de los próximos días.
EL VUELO MISTERIOSO
Mientras el gobierno de Claudio Poggi sigue desarmando el turismo como si fuera un castillo de arena en plena temporada, el aeropuerto del Valle del Conlara va quedando cada vez más parecido a un galpón con pista. Pero justo cuando parecía que ya no despegaba ni una paloma, el 26 de febrero apareció el vuelo H5992: un jet privado que aterrizó sigilosamente en Merlo, permaneció unas horas y despegó rumbo a Suiza, con escala previa en Brasil.
Nadie sabe quién viajó, y los que saben tienen prohibido hablar. Los empleados del aeropuerto recibieron la orden de callar, multados como si la discreción fuera parte del manual aeronáutico provincial. Lo curioso no es solo el silencio, sino el lujo, vuelos de este tipo superan los diez mil dólares. En un contexto donde el relato oficial se llena la boca con la escasez, la presencia de un jet privado suena, al menos, desubicada.
En San Luis, hay pocas estructuras que pueden financiar este tipo de viajes. Una de ellas, es la ya conocida ”puertita azul” de calle Mitre. Dónde sus integrantes son asiduos viajes a Miami, a los mundiales de fútbol y a destinos exóticos.
Otro tema particular es el destino. Suiza, ese lugar tan frecuentado por la élite del sigilo financiero. Porque nadie cruza el Atlántico en avión privado para disfrutar de los chocolates. Se va a Suiza cuando lo que se busca no es descanso, sino resguardo. Es evidente que algo se mueve, y no es turismo. En una provincia donde los vuelos comerciales escasean pero los privados levantan vuelo sin escala, no hace falta imaginación para sospechar. Al final, el misterio no es el vuelo: es quién lo pagó, quién lo tomó y qué llevaba a bordo.
SUSHI, CHAMPAGNE Y MORIÑIGO
En Terrazas de Portezuelo se celebró un evento que tuvo más pinta de fiesta de embajada que de reunión de universitarios. Mientras el relato oficial pide cinturón apretado y mate cocido en vaso de telgopor, los rectores brindaban con champagne y paladeaban sushi con palillos de oro (figurativamente, claro, al menos eso esperamos). El Encuentro del CIN fue una cumbre de egos bien alimentados y dejó a varios funcionarios del poggismo mascando bronca mientras servían agua del bidón en sus oficinas.
La interna no tardó en brotar, Mauricio del Castillo salió a desmarcar al gobierno del banquete, apuntando directamente a Victor Moriñigo, rector de la UNSL y flamante mimado del poggismo. Según él, todo fue armado por el CIN. Una jugada que suena más a lavado de manos que a aclaración institucional. Porque mientras Poggi hace equilibrio sobre un discurso de orden y sacrificio, su candidato estrella organiza eventos dignos de catálogo de hotel cinco estrellas.
Lo que más molesta no es el sushi, sino la desigualdad del festín. En la misma provincia donde se achican sueldos, se cierran oficinas y se recorta hasta el papel higiénico, hay funcionarios que viajan en jet privado y duermen en hoteles de lujo, todo en nombre de la educación pública. Mientras unos ajustan el cinturón, otros lo aflojan después del postre.
NUNCA MÁS LA POLÍTICA EN LAS ESCUELAS… SALVO QUE CONVENGA
Claudio Poggi dijo “nunca más la política en las escuelas” con la verborragia construida que lo caracteriza. Pero el archivo es una trampa, y la realidad también. Año y medio después, con el PANE hecho trizas antes de arrancar, la gestión decidió que sí, que mejor mandar funcionarios a los colegios a controlar viandas, sacar fotitos y, de paso, marcar territorio.
Así apareció Aaron Mercado, sobrino de los hermanos Giraudo, filmando a niños mientras comían, como si fuera parte de un reality gastronómico escolar, pero sin consentimiento y con una torpeza solo comparable a su impunidad.
El video cayó como patada en los grupos de padres, que ya venían calientes por el estado de las viandas. Porque no es solo lo que comen los chicos, es quién los mira mientras lo hacen. El malestar no tardó en explotar, hubo quejas, denuncias y un sentido de hartazgo que ya no disimulan ni los más pacientes. La directora del plan, Eugenia Gallardo, se defendió diciendo que el programa no estaba organizado. Lo nuevo es que ahora tampoco está contenido. Si la política no debe entrar a las escuelas, entonces ¿por qué los funcionarios sí?
El problema no es solo el doble discurso, es la forma descarada con la que lo administran. Poggi, cuando era opositor, habría pedido la cabeza de quien hiciera lo que ahora hacen sus propios alfiles.
PRIVILEGIOS DE AMISTAD: POSTALES DESDE EL CARIBE
Mientras la mayoría de los puntanos sobrevive abril entre boletas, recortes y viandas recalentadas, Enzo Belzunce, colaborador estrella de Victoria Poggi, descansa sus pies en la arena caribeña con un trago en la mano y el celular en la otra. Las fotos de su escapada a San Andrés no solo llegaron a Instagram, también se viralizaron en los pasillos de Terrazas, donde el silencio oficial compite con los susurros incómodos. La doctrina Bazla, esa que pedía a funcionarios no ostentar vacaciones en el exterior, quedó sepultada bajo una reposera y un atardecer con filtro.
Lo curioso no es el viaje en sí, sino el descaro. Belzunce no es cualquier colaborador, es el brazo derecho de la hija del gobernador. Y si alguien pensaba que los tiempos habían cambiado, que Poggi venía a poner orden, bueno, que se acomode en el banquito y mire el show.
Hay algo que duele más que el privilegio y es la impunidad de mostrarlo. Porque no se trata solo de una selfie en la playa, sino del mensaje que deja flotando en el aire, la cercanía paga mejor que la idoneidad, y los escraches son para todos los que no sean parte de este gobierno, que día a día se contradice.
MEDIOCRIDAD ACEPTADA
En el Concejo Deliberante de la capital, la democracia deliberativa se convirtió en monólogo con micrófono abierto. La vicepresidenta del cuerpo, Lizbeth Huatay, resolvió que el reglamento era un simple decorado y envió el padrón de extranjeros sin consultar a su par de la oposición, como dicta la norma. No fue un descuido ni un error de oficina, fue una decisión consciente y con firma propia. En plena sesión, con una soltura cuasi vergonzosa que ya es marca registrada del oficialismo, admitió sin pestañear: “Entiendo que hablan de irregularidad...que me tomé atribuciones... Sí, me las tomé”. Y ahí quedó la institucionalidad, despatarrada en su banca.
La escena tuvo más de stand-up que de acto legislativo. Huatay, alineada con el intendente Hissa, asumió la autoría de las irregularidades con la tranquilidad de quien sabe que no habrá consecuencias. La oposición, por supuesto, marcó con anterioridad la situación. Pero la historia ya estaba escrita, el padrón salió con errores, sin consenso y con la legalidad dudosa con la que se maneja la gestión municipal. La función pública, en este caso, se ejerce como si fuera una finca personal donde las reglas importan menos que la agenda del jefe político.
Más allá del escándalo, lo preocupante es la naturalización de la desprolijidad. Cuando una autoridad admite haber actuado por fuera de las normas como si fuera un mérito de carácter, no estamos ante un exceso, estamos ante un síntoma. La mediocridad institucional ya no se oculta, se declara. Y en el caso del bloque de concejales oficialistas, se desborda por todos lados.
SPOILERS
En este apartado vamos a adelantar algunas cositas que se vienen en El Mosquito. Esta semana dilucidaremos los misterios respecto al proyecto del intendente Jorge Gastón Hissa y el acuerdo con el Cementerio Los Alamos. Todo lo que hay detrás de la supuesta sesión y las cuestiones que nadie habla.
También en los próximos días publicaremos una investigación realizada respecto a la presidenta del Concejo Deliberante, Laura Sánchez, y el uso de fondos públicos para su equipo de futsal.
Los esperamos…


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