
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
Sean bienvenidos a un nuevo resumen político semanal de San Luis, esta vez irrumpiendo un domingo. Los redactores de esta sección decidimos, a modo de rebeldía por no tener vacaciones, no publicarla. Pero el dinero de los dueños de este medio es más fuerte y aquí estamos.
EL FOCUS GROUP NO MIENTE
La semana pasada, el gobierno recibió una encuesta que cayó peor que mate frío en invierno. Los números no mienten: en apenas un año, la gestión de Claudio Poggi trituró la imagen positiva de sus propios dirigentes, dejando a Avanzar y sus aliados en la cornisa electoral. La medición, a cargo de una consultora porteña con vínculos con el gobierno, venía con un instructivo de emergencia que se activó de inmediato.
Primero, "abrir la billetera". El tan nunca bien ponderado "Plan Platita" apareció en escena con aumentos salariales (que los trabajadores rechazaron con ganas), entrega de bicicletas, promesas de viviendas (una tradición electoral poggista), carteles de obras sin obras y créditos blandos que, visto lo visto, empezarían por el gabinete.
Segundo, recalcular políticamente, el informe advertía que no había que pelearse con Javier Milei y que, sorprendentemente, el gobierno debía subirse a la imagen de Alberto Rodríguez Saá, el político con mejor medición en San Luis. Y así, como por arte de magia, el exgobernador volvió a ser mencionado en Terrazas, tanto por Poggi como por funcionarios de segundisima línea, donde hasta hace unos días su nombre era casi una mala palabra.
Pero la estrategia tiene un problema y choca con la propia idiosincrasia del poggismo y su adicción al relato. ¿Cómo sostener el relato de la "reconstrucción de San Luis" cuando el propio Poggi ha sido el arquitecto de una crisis de pobreza, inseguridad y colapso sanitario? Es un guión que no cierra ni con la mejor edición. Mientras tanto, el oficialismo intenta imponer la imagen del gobernador como "el que baja el martillo", aunque en su propio círculo no terminan de creérselo. La única evidencia de su exigua dureza es con la Justicia, el último bastión que la billetera no ha logrado doblegar.
La pulseada tuvo su clímax con la renuncia del procurador Martínez, que Poggi asegura no haber presionado. Claro, así como no mandó a sus medios a operar a diestra y siniestra. Un ejercicio de mitomanía que haría sonrojar al mismísimo Jorge Gastón Hissa, maestro del rubro.
Al final, la encuesta puede haber sido un golpe duro, pero lo verdaderamente aterrador para el gobierno es que, esta vez, no hay focus group que lo salve del espejo.
LLEGÓ COMO TOTI, SE VA COMO VIDELA
Un amigo de la casa disparó esta frase que hoy define a la perfección al intendente Jorge “Toti” Videla. Llegó con discurso moderado, pero ahora adopta prácticas más dignas de un régimen autoritario. Esta semana protagonizó un escándalo político al ordenar la remoción de los bustos de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, además de reducir un mural a escombros.
Cuando la noticia se filtró y estalló la indignación, Videla intentó salir del paso con un relato insólito: dijo que solo los retiró para "restaurarlos y reubicarlos". Curioso que haya elegido hacerlo de madrugada, en silencio, sin aviso previo y sin dar explicaciones hasta que el escándalo fue imposible de ocultar. Un modus operandi que recuerda a los operativos más oscuros de la historia argentina.
Videla creyó que podía borrar la memoria peronista sin consecuencias, pero no contó con la presencia de militantes que presenciaron la secuencia. Tampoco previó el repudio generalizado.
En su giro hacia el poggismo, algunos sostienen que este ataque al peronismo fue su “prueba de amor” para sellar su lealtad con el gobernador y su círculo. ¿El premio? Blindaje político, control de la Municipalidad y quizás una banca legislativa que lo proteja cuando los números de su gestión ya no cierren.
Lo de Videla no fue un caso aislado. En Villa Mercedes, la sede del Partido Justicialista fue vandalizada y atacada poco después de que el intendente Maximiliano Frontera también se alineara con Poggi. ¿Otra “prueba de amor” para los nuevos jefes? A esta altura, dudar no solo es válido, es necesario.
LA ESCUELA DE GROUCHO
En la política puntana, algunos dirigentes parecen haber tomado clases avanzadas en la escuela de Groucho Marx. No la del humor fino, sino la de su célebre frase: "Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros".
El colmo del pragmatismo lo encarna un dirigente que, sin el más mínimo rubor, asegura que quiere ser candidato a diputado por el justicialismo, pero que si no le dan el espacio, se va a otra fuerza. Lo dice con la misma naturalidad con la que uno cambia de proveedor de internet si la señal anda lenta y sin tener en cuenta que sus últimas incursiones electorales fueron un fiasco. Como si ese placard no tuviera ya demasiadas camisetas guardadas.
Mientras tanto, la rosca se ha vuelto un espectáculo de prestidigitación. Por un lado, hay sectores que se visten de opositores pero que con su narrativa terminan funcionando como una sucursal encubierta del oficialismo.
Pero si algo faltaba para completar el sainete, es que algunos dirigentes peronistas se han contagiado de los peores hábitos del oficialismo. Como por ejemplo, adueñarse de un grupo de WhatsApp de militantes y proceder a una purga virtual al mejor estilo inquisitorial, eliminando a todo aquel que no comulgue con su evangelio particular.
Lo llamativo no es que alguien se apropie de un chat (sabemos que en política lo importante no es el mensaje, sino controlar el micrófono), sino que lo hagan con la misma brutalidad con la que quieren repartirse los lugares en las listas.
El escándalo llegó a tal punto que una legisladora, con más decoro que el resto, no se contuvo y se despachó contra el inquisidor digital. Porque una cosa es jugar a la política y otra muy distinta es hacerle el juego a los “amigos/socios”.
¡TODOS A LOS BOTES SALVAVIDAS!
La encuesta que recibió el gobierno tuvo dos puntos negros y profundos. Dos Titanics condenados a hundirse en cualquier momento. Y es que Jorge Gastón Hissa y Luciano Ayala son quienes peor miden.
Con dos gestiones similares, negocios para amigos y administraciones que dejan mucho que desear, se han convertido en el talón de Aquiles del proyecto político que gobierna la provincia.
En La Punta, Ayala intentó cambiar su comunicación y mostrarse un poco más, pero el resultado fue catastrófico. En cada posteo o video que apareció, se generó una ola de críticas y reclamos vecinales.
En el plano político, hizo cambios con fines electorales para ver si su barco puede naufragar un poco más y no hundirse tan rápido. Tan mal van las cosas, que tuvo que sacrificar a su jefe de Gabinete para darle aire y que encabece la lista de concejales. La jugada es arriesgada y muestra la falta de cintura del intendente. Su reemplazo en la gestión fue otra de las funcionarias más cuestionadas, Marina Lucero, quien también podría integrar la lista.
En el medio también está la lapicera de Martín Olivero, aunque parece estar sin tinta y solo se conformaría con que le dejen incorporar a su esposa y actual diputada, Luciana Perano, en algún lugar de la lista.
La ciudad de San Luis es un polvorín. Hissa cada día acumula millas de bronca de los vecinos por el pésimo estado de los servicios. La reciente crisis del agua y una gestión poco transparente lo han dejado muy mal parado, a pesar de que intenten como sea levantarle la imagen.
La nueva bajada es “guardarlo”, como una especie de cuidar que no piante los votos de los concejales. Una de las obsesiones del oficialismo es controlar el Concejo Deliberante, controlarlo políticamente. Ya que en la actualidad y a base de comprar voluntades consiguieron la presidencia y la mayoría en el recinto. Pero en la realidad política, es la oposición la que mueve los hilos y eso en Terrazas lo saben.
Es por eso que están en la disyuntiva de si darle a Hissa la posibilidad de que arme las listas, algo que podría hundir aún más el proyecto político que encabeza Poggi, o “bajar” algunos funcionarios del gobierno a competir.
LA PUERTITA AZUL DE COMPRAS
Mientras el oficialismo activó su "mood" de campaña, la enigmática "Puertita Azul" ha puesto en marcha su maquinaria económico-electoral. No contentos con preparar las partidas para la contienda electoral, el equipo económico se encuentra haciendo malabares financieros para adquirir uno de los pocos canales privados que aún quedan en la provincia.
El propietario de esta señal ha iniciado una fase previa a la venta, ofreciendo retiros voluntarios y advirtiendo al personal sobre la delicada situación financiera. Ante este panorama, el oficialismo ve con muy buenos ojos la posibilidad de sumar otro medio a su colección. Ya controlan el canal oficial y, con la adquisición de este privado, más la dictadura de la pauta oficial, lograrían tener la totalidad del discurso periodístico a su favor.
La pregunta que surge es inevitable, si el gobierno estuviera tan bien como proclama públicamente, ¿por qué esta obsesión por acaparar cada espacio periodístico disponible?
Para aquellos financistas de la "Puertita Azul" que puedan estar considerando ampliar su imperio mediático, un mensaje claro: El Mosquito Puntano no está en venta. No porque seamos incorruptibles, sino porque, sencillamente, no les va a alcanzar.
Que tengan una excelente semana.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
Asegura que su gestión repavimentó más de 100 calles, pero en la realidad los vecinos dicen no verlas. Denuncian accidentes por los baches y se multiplican las críticas en las redes sociales.
En una de las reuniones de gabinete más calientes, el gobernador advirtió que Rodríguez Saá todavía tiene poder y pone nerviosa a toda la gestión.
Insólito e increíble. Eugenia Gallardo dijo en el canal oficial que el gobernador la nombró luego de mandarle algunos tips sobre el plan. Docentes y padres preocupados por la improvisación estatal.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.