ROSCA Y TONGO: CUMPLEAÑITO

Actualidad25 de enero de 2025RedacciónRedacción
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Estimados lectores, celebramos el primer año de vida de El Mosquito Puntano. Un proyecto nacido para incomodar, sacudir y, con un poco de suerte, hacer reír a la política local. Hemos sobrevivido a doce meses de ruido, parodias y algún que otro enojo, siempre con la picadura precisa y el zumbido incómodo.

Un millón y medio de visitas después, todavía nos preguntamos qué están haciendo y qué mal está la runfla para leer un producto tan “poco periodístico” como este. Pero claro, el atractivo del desastre político es universal, y en San Luis, los protagonistas se superan cada día. Para quienes nos apoyan, gracias por los aportes y los chismes. Para quienes nos odian, gracias: el hate también suma clics.

Por supuesto, el verdadero motor de este medio no somos nosotros (ignotos periodistas) ni los millones que invierten los dueños, sino quienes nos inspiran cada día para ser peores. Nuestra mayor influencia siempre ha sido Jorge Gastón Hissa, maestro de las contradicciones, arquitecto de papelones y destructor serial de cualquier narrativa coherente. Si esto fuera teatro, se llevaría todos los aplausos por su papel de antihéroe involuntario en la génesis de esta página. 

Este cumpleaños es también un recordatorio de que el zumbido del mosquito es necesario, aunque moleste. Seguiremos con más ironía, más rosca furiosa y más ganas de desentrañar los tongos que mantienen a este circo en marcha. Porque mientras ellos sigan dando el show, nosotros seguiremos vendiendo entradas.

ELECCIONES 2025: LA PUNTA

En La Punta se celebrará una de las batallas electorales más importantes de este 2025. La reforma que implementó el intendente Luciano Ayala de ampliar las bancas, pone en juego 5 lugares y deja al oficialismo en una posición incómoda. En uno de los peores momentos de la gestión municipal que parece un queso gruyere: llena de agujeros y cada vez más olorosa. 

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El oficialismo está jugando al Tetris con piezas que no encajan: Marina Lucero y Gabriel Messina tienen menos carisma que un semáforo en rojo, pero ahí están, siendo “reforzados” con Luciana Perano, diputada y esposa del ex intendente Martín Olivero. Nada dice “proyecto de futuro” como la estrategia matrimonial de bajarla al Concejo. Y mientras tanto, Franco Vargas y “Toly” Leyes esperan que nadie recuerde sus pasados políticos cercanos y quieren sumarse a la contienda. 

Para la rosca, la pelea Ayala-Olivero suena más a novela venezolana que a un verdadero conflicto de poder. Todavía sobrevuela la idea de armar varias listas para bifurcar votos, pero en el llano está más que difícil. 

El peronismo trabaja y quiere ser una opción sólida. Tincho Bastías, Pedro Liborio Saá y Rocío Olguín, quieren capitalizar el hartazgo ciudadano con la gestión municipal. Hugo Scarzo y Gloria Velázquez, aportan su experiencia y recorrido a la danza de nombres que llevaría el PJ. 

La Libertad Avanza llega con su propia estructura. Lucas López, el protegido de Bartolo Abdala y Carlos D’Alessandro, promete encabezar una lista que mezclaría libertarios, ex peronistas reciclados y lo que sobró del adolfismo, con nombres como los de Juan Pablo Martínez y Jorge Villegas, autonombrándose como integrantes del espacio de Milei. 

LA PUERTITA AZUL (BIS)

Si de tongo hablamos, la “Puertita azul” es el epicentro ideal. este umbral tiene más poder que la mismísima oficina de Claudio Poggi en Terrazas del Portezuelo. 

Esta semana, los curiosos que naufragan por el 586 de una reconocida calle céntrica, vieron el desfile semanal de empresarios recurrente. Pero notaron una presencia estelar. Un intendente del departamento Pueyrredón. Según testigos, salió rápido, casi como un actor secundario que teme ser descubierto robando cámara. Y aunque su nombre no fue revelado, todos sabemos que en política el silencio habla más fuerte que las aclaraciones.

Dicen que en esa puerta se tejen contratos que jamás pasarían el filtro de la transparencia, y es difícil no imaginar la escena como una versión política de "El Padrino", con menos glamour y más facturas sobre la mesa. Mientras los despachos oficiales se encargan de los formalismos, todo fluye sin la pesada maquinaria de los sellos y los expedientes. En la puertita azul, el poder es puro, crudo, y sin maquillaje.

Con la campaña asomando, este lugar promete ser el termómetro de los tongos que definirán los próximos meses. Lo curioso, o quizás trágico, es la naturalidad con la que se acepta este estado de cosas. Nadie pregunta, nadie se indigna, nadie filma con el celular. Es como si la puertita azul hubiera logrado lo que ningún gobierno: la absoluta unanimidad. Hasta los que no están invitados asumen que así son las reglas del juego.

¿QUIÉN PIDIÓ ESTA VERSIÓN DE LA UCR?

Esta semana una facción del radicalismo puntano criticó duramente a la conducción provincial. Fidel Haddad, Daniel Mariani y Daniel Borsotto denuncian que la Unión Cívica Radical (UCR) de San Luis no ha renovado sus autoridades, y los afiliados observan desde la platea cómo el "centenario partido" naufraga en sus propias contradicciones. Si Aristóteles levantara la cabeza, diría que el ethos de la UCR local está en terapia intensiva.

El problema no es solo que Juan Álvarez Pinto, el presidente del partido, haya acumulado cargos como quien junta millas. Es que todo el armado parece una oda al "hago lo que quiero". Álvarez Pinto, quien dejó su puesto como intendente de Merlo para asumir como ministro de Turismo y Cultura, sigue figurando como el jefe de un partido que él mismo desarticula desde adentro.

En los últimos tiempos, la UCR ya no parece responder a sus propios afiliados, ni siquiera a su historia. Es el gobernador Claudio Poggi, líder de otra fuerza política, quien parece manejar los hilos de un radicalismo convertido en una simple arista del poggismo. Lo que alguna vez fue un partido con pretensiones de autonomía, hoy se ve reducido a un apéndice dócil que cumple órdenes externas. En esta entrega política nunca antes vista, la UCR ha cruzado una línea de sumisión que ni sus peores detractores habrían imaginado.

Al parecer, el radicalismo no solo ha perdido su brújula ideológica, sino también el control de su propio destino. Y mientras tanto, los afiliados, esa base de militantes que alguna vez creyó en "el cambio desde adentro", están más alejados que un satélite en órbita.

Tal vez, en algún rincón de San Luis, alguien esté repasando las páginas de la Carta Orgánica del partido como quien desempolva un viejo manual de instrucciones para un aparato que ya nadie usa. Mientras tanto, el radicalismo sigue en su transformación definitiva: de centenario partido político a accesorio decorativo en el poder provincial. 

“YO NO SOY DE AVANZAR” 

Alberto Arancibia Rodríguez es como ese pariente que siempre llega al asado con una ensalada de frutas que nadie pidió, pero él insiste en que es "lo que hacía falta". En su más reciente acto de equilibrismo político, el legislador quiso marcar territorio y, de paso, diluir su identidad política. “No soy de Avanzar”. 

Este salto deja varias incógnitas: Qué es entonces, un libertario con licencia provincial o un poggista freelance. 

También dice no ser un acérrimo mileísta, pero se embandera con las ideas que le parecen “coherentes”. Claro, coherencia es un término elástico para quien vota contra las universidades públicas mientras pone a toda su parentela a vivir del Estado. Su hija, su yerno y algún primo que seguramente está al acecho completan el álbum familiar de lo público. Arancibia no representa a un partido; representa un árbol genealógico con sueldos asegurados.

La cuestión es que, a este paso, nadie sabe dónde jugará en las próximas elecciones. Entró como suplente de Poggi, pero ahora coquetea con los libertarios de Milei y Karina. Se postulará bajo el ala de Bartolo Abdala o de Carlos D'Alessandro o quizás invente una nueva alianza del Partido Demócrata. De lo único que estamos seguros es que sus votos en el Congreso no han hecho mucho por enamorar al electorado puntano. Entre querer quitarle los derechos a los jubilados y su cruzada anti universidades, su imagen pública está más golpeada que un control remoto que no funciona. 

EL SHERIFF DE "NOTTINGHAM" Y SU TARIFA PLANA

En la Ciudad de San Luis, el subsecretario de Ingresos Públicos, Daniel Piñeda, parece haber adoptado el rol del sheriff de un western barato. Su última, hazaña“ es una tarifa plana de agua que podría titularse "El tarifazo". La medida, si se anualiza, termina siendo un salto acrobático que deja a los jubilados mínimos en el suelo, sin redes ni aplausos. Es la versión moderna de Robin Hood, pero al revés: quita a los pobres para mantener el show.

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Lo irónico es que esta "solución” parece pensada en un búnker hermético, lejos de la vida cotidiana de los puntanos. Y cuando uno cree que el libreto no puede ser más disparatado, aparece el intendente Jorge Gastón Hissa con una explicación de antología: "La suba del 280% no afecta a los barrios vulnerables, sino a los vecinos sin medidor". Es un giro argumental que dejaría boquiabiertos hasta a los guionistas de las peliculas de “Tonto y Retonto”.  Porque, adivinen qué: los que no tienen medidor suelen ser justamente esos barrios vulnerables. Paradójicamente insólito para la gestión municipal. 

Por si quedaba alguna duda de la desconexión, la realidad es brutal. Mientras el municipio insiste en sus cálculos delirantes, las familias puntanas hacen las suyas. Y el resultado no da: el sueldo no alcanza, las cuentas no cierran, y los más creativos ya imaginan alternativas. Quizás pronto veremos largas filas en los Centros de Atención Vecinales (CAV)  con gallinas, frascos de conserva o, por qué no, las joyas de la abuela, para negociar el pago de esta tarifa plana que ni siquiera garantiza agua. Eso sí, el sarcasmo municipal podría bautizar con el mismo tenor espantoso de mal gusto que proviene de la poca creatividad de la comunicación municipal. Por ejemplo podría denominarse: “Plan Truequeando en tu barrio” o “Mi primer trueque”. 

Esta decisión es un homenaje posmoderno al trueque o simplemente una muestra más de cómo gobernar desde una burbuja de fantasía. Si Piñeda quería su minuto de gloria, lo logró: pasará a la historia como el ideólogo de una tarifa que iguala a todos, pero solo en la miseria. Porque lo único plano en esta historia no solo parece ser la tarifa, sino más bien la inspiración del gabinete de Hissa. 

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