Poggi tiene miedo: el nerviosismo en el oficialismo por la presencia de Alberto Rodríguez Saá

El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.

ActualidadEl lunesRedacciónRedacción
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La desesperación en el poggismo se traduce en movimientos torpes y evidentes. Primero, enviaron a sus apoderados a impugnar el logo del Frente Justicialista bajo la excusa que hacía "alusión" al exgobernador, Alberto Rodríguez Saá. Luego, recurrieron a sus operadores mediáticos financiados con fondos públicos para orquestar una serie de operetas contra los candidatos del PJ. Todo esto con un nivel de nerviosismo que roza el papelón.

Podría resumirse con un clásico grito de hinchada: “Poggi tiene miedo, Poggi tiene miedo”. Y es que el temor a Rodríguez Saá no es casualidad, las encuestas internas del gobierno revelan un descontento social que crece a pasos agigantados. Pobreza, inseguridad, salarios atrasados y una gestión que se desmorona son el telón de fondo de un oficialismo que intenta desviar la atención con maniobras desesperadas.

Poggi no cumplió una sola de sus promesas electorales y los problemas que prometió solucionar se han agravado. La pobreza se disparó, la inseguridad es un flagelo y los municipios están sumidos en el abandono. Sin embargo, su obsesionada preocupación sigue siendo la figura de Rodríguez Saá.

Ese amor-odio patológico que Poggi siente por quien alguna vez fue su líder se ha convertido en una constante en su espacio político. Tanto es así que sus editorialistas oficiales parecen más preocupados en pontificar sobre lo que Rodríguez Saá debería hacer que en explicar los fracasos del gobierno actual.

La realidad es que el temor reverencial que el poggismo le tiene al Alberto es más fuerte que cualquier operación. Se refleja en cada decisión desesperada, en cada maniobra para debilitar al peronismo y, sobre todo, en la ansiedad con la que intentan tapar un descontento social que ya no pueden ocultar.

No es solo una cuestión de impugnar un logo. Es el reflejo de un oficialismo acorralado por sus propios fracasos, que no encuentra otra estrategia que atacar a su sombra más temida, la de Alberto Rodríguez Saá.

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