Silvestri reapareció luego de perder la presidencia y advirtió que quiere "ir por todo”

En un rapto de endogamia inusitada, el concejal tuvo que aceptar a Laura Sánchez como presidenta y ahora pretende quedarse con los ⅔ del Concejo.

Actualidad05 de febrero de 2025RedacciónRedacción
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La reaparición de Mario Silvestri en la escena política local no es más que el epílogo de una derrota que aún le quema. El concejal, quien se autoproclamaba como el único candidato viable para la presidencia del Concejo, tuvo que tragarse el sapo de ver a Laura Sánchez, una figura de lealtades flojas, ocupar el lugar que él consideraba suyo por derecho propio. 

La jugada del intendente Jorge Gastón Hissa no solo fue un golpe bajo para Silvestri, sino también una muestra de la fragilidad de las alianzas en el poggismo. 

El “Vamos por todo” que ahora esgrime Silvestri suena más a un grito desesperado que a una estrategia consolidada. Es la frase de un hombre que, tras caer del pedestal, intenta recuperar algo de aquella influencia que se le escurrió entre los dedos. 

Pero la realidad es que su posición dentro del bloque oficialista es más decorativa que efectiva. “Solo se mantiene en la banca porque desde el gobierno le pidieron que no se fuera”, dicen en los pasillos. Una frase que, más que un halago, parece una condena.

El paralelismo con la frase de Cristina Kirchner no es casual. Aquel “Vamos por todo” de CFK, pronunciado en off en Rosario, fue un llamado a la profundización de un proyecto político. En boca de Silvestri, sin embargo, suena a un intento de revancha personal más que a una visión colectiva. Y es que, mientras Cristina hablaba desde un lugar de poder, Silvestri lo hace desde las sombras de una derrota que lo dejó al margen de la toma de decisiones.

El oficialismo, por su parte, parece más enfocado en consolidar su control sobre todos los poderes que en construir consensos. La obsesión por manejar el Concejo con una mayoría aplastante no solo refleja una ambición desmedida, sino también una peligrosa tendencia hacia el autoritarismo. En este contexto, Silvestri es poco más que un peón en un tablero que ya no controla. Su “Vamos por todo” es, en el fondo, el último suspiro de un político que se resiste a aceptar que su momento ya pasó.

La pregunta que queda flotando en el aire es si este intento de Silvestri por recuperar protagonismo no será, en realidad, el preludio de su despedida definitiva de la escena política. Porque, en política, no hay nada más peligroso que quedarse sin aliados y sin un proyecto claro. Y Silvestri, al menos por ahora, parece tener poco de ambos.

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