
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
El siguiente informe fue realizado por un grupo de turulos profesionales. Por su salud mental y espiritual, se recomienda no leerlo. Cualquier inconveniente queda bajo su exclusiva responsabilidad.
LA VIGA Y LA PAJA
La parábola de "La viga y la paja" es una de las metáforas más utilizadas para ilustrar la hipocresía humana. La historia dice así:
Un hombre ve que su vecino tiene una pequeña paja en su ojo y, con arrogancia, intenta señalarle su defecto. Sin embargo, no se da cuenta de que él mismo tiene una enorme viga en su propio ojo. A pesar de esto, insiste en corregir al otro sin mirar sus propias faltas.
Esta parábola nos advierte sobre la hipocresía. Muchas veces somos rápidos para criticar los errores de los demás, pero no vemos los propios, que pueden ser aún mayores. Antes de juzgar, deberíamos examinar nuestras propias fallas y corregirlas.
Es un llamado a la autocrítica y la humildad, invitándonos a mejorar nosotros mismos antes de señalar a los demás.
Esta parábola puede utilizarse para referirse a la actualidad de algunos dirigentes del espectro peronista. En los últimos días han intentado lanzarse electoralmente con una narrativa más que polémica.
Algunos políticos puntanos tienen un talento especial para reciclarse con la misma intensidad con la que niega su propio pasado. Ahora resulta que algunos ex funcionarios peronistas, que hasta hace cinco minutos brindaban con champán en los asados de la rosca, decidieron reinventarse como los grandes regeneradores del movimiento. Dicen querer depurar al peronismo de ciertos vicios, señalando a otros como los beneficiarios del aparato. Lástima que los videos, las fotos y los contratos no tienen el mismo entusiasmo por la amnesia selectiva.
En su cruzada purificadora, estos apóstoles de la renovación política han decidido cargar contra un sector de la militancia, acusándolo de vivir de prebendas. Lo curioso es que, aplicando la misma lógica, deberían armarse un tribunal y juzgarse a sí mismos. El problema de jugar al moralista es que el archivo es como el boomerang: siempre vuelve. Años de cargos, contratos y favores no se evaporan con un simple cambio de discurso. Si el peronismo puntano necesita una autocrítica profunda, no es sobre la militancia ni la conducción (para eso hubo elecciones), sino sobre el error de haberle dado espacio a personajes sin raíces ni convicciones, que a la primera vuelta de cambio no solo traicionan, sino que se erigen en fiscales del movimiento que los puso donde estaban. Nadie muerde la mano que le da de comer con tanto entusiasmo como el recién llegado con aspiraciones de grandeza.
Atrás quedaron los tiempos en que las diferencias internas se resolvían puertas adentro. Ahora, con el manual del mileísmo bajo el brazo, se ha puesto de moda pegarle al propio partido como estrategia de marketing. Como si denunciar a la dirigencia peronista en público fuera un acto de valentía y no el atajo de los que no consiguieron el lugar que querían en la lista de congresales.
La reorganización partidaria dejó varias postales. Por un lado, están los que entienden que el peronismo es una construcción colectiva y que las derrotas se procesan desde adentro. Por otro, los que, heridos en su ego, prefieren jugar a la disrupción con una estrategia digna de un manual de autoayuda. Pero si algo quedó claro tras la caída del PJ tras 40 años de hegemonía, es que esa derrota llegó cuando empezaron a darle poder a los paracaidistas, a los oportunistas sin historia que vieron en el peronismo un trampolín y que ahora, desde la comodidad de la tribuna, señalan con el dedo a quienes los hicieron parte del poder.
No es casualidad que el oficialismo mire con una sonrisa estos episodios. Al final del día, cuando la interna se vuelve espectáculo, el único que gana es el gobierno de Poggi. Coincidencia o conveniencia??
LA CIUDAD DE LAS MARAVILLAS
Jorge Gastón Hissa ha logrado lo impensado: transformar San Luis en un parque temático del absurdo. Si Disneylandia tiene a Mickey y París a la Torre Eiffel, la capital puntana puede presumir de sus géiseres de cloacas, brotando con gracia de las alcantarillas como si fueran una coreografía de Broadway. ¿Y qué decir del nuevo juego interactivo de los vecinos? Consiste en esquivar charcos de dudoso origen y apostar qué día llegará el camión de la basura. Entretenimiento garantizado y gratuito para toda la familia.
Pero la joya de la corona es, sin dudas, la inauguración de la primera línea subte de San Luis, la (H). En una muestra de innovación sin precedentes, la ciudad ahora cuenta con una estación en plena avenida Lafinur. Los malintencionados dirán que es solo un pozo gigante producto de la desidia, pero no entienden la visión de un líder con mentalidad de futuro. ¿Quién necesita arreglar baches cuando se puede ofrecer una experiencia de turismo aventura estilo Indiana Jones? No es un grave problema de infraestructura, es una atracción.
Es cierto que hay quienes no aprecian la grandeza de estas obras. Son los mismos de siempre: los que insisten con cuestiones menores como la limpieza urbana, la falta de agua potable o los cortes de luz que convierten a algunos barrios en un ensayo involuntario de la Edad Media. No entienden que la modernidad exige sacrificios y que el intendente tiene prioridades más elevadas, como las sesiones de fotos en obras innecesarias o los anuncios rimbombantes de medidas que jamás se implementan.
San Luis ya no es la de antes. Ahora es la Las Vegas de los riñones fuertes y los estómagos de hierro. Ríos de efluentes corren por las calles mientras los funcionarios juegan al ilusionismo, convencidos de que si lo niegan con suficiente énfasis, la mierda desaparecerá por arte de magia. Y así seguimos, entre luces intermitentes, perfumes indescriptibles y un intendente que, como todo gran artista, no deja que la realidad arruine su espectáculo.
Al final del día, los vecinos deberían estar agradecidos. No todas las ciudades tienen el privilegio de contar con un subte improvisado, una fuente de cloacas danzantes y un intendente con la audacia de vender el desastre como progreso. Si esto no es magia, que venga David Copperfield a explicarlo.
FRONTERA NO TAN AMIGO
Maximiliano Frontera descubrió esta semana que en política, como en los matrimonios mal avenidos, los abrazos duran hasta que aparece el tercero en discordia. La presencia del senador libertario Bartolo Abdala en el Festival de la Calle Angosta desató una tormenta en el oficialismo, que no tardó en señalar al intendente mercedino como el cómplice necesario de esta herejía. No solo le permitió a Abdala pasearse entre empanadas y guitarras, sino que le concedió espacio para juntar adhesiones a su partido. Algo así como prestar el living de casa para que un okupa organice su mudanza.
En el poggismo no tardaron en reaccionar. Algunos ministros ya tomaron nota y sugirieron congelar políticamente a Frontera, como quien mete un pescado al freezer antes de que empiece a oler. Es la lógica de siempre: el que juega para el equipo recibe aplausos, el que se mueve sin permiso termina con un cartel de “prescindible” pegado en la frente. “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán”, dice la Biblia. Y en política, los favores se pagan con la misma moneda.
Frontera ha sido el soldado fiel del poggismo, el que daba la cara en las batallas cuando otros preferían esconderse. Pero ahora, cuando mira hacia su lado, solo encuentra promesas y chicanas. Desde su círculo, advierten que el intendente se cansó de ser el fusil de ataque de un gobierno que no le ha devuelto nada tangible. “Logramos terminar algunas obras que empezaron en el gobierno de Rodríguez Saá. Lo demás fueron promesas y chicanas”, deslizó un funcionario mercedino con evidente fastidio.
El romance político entre Frontera y el oficialismo ya no es lo que era. El fuego de los primeros meses se apagó y ahora solo queda la incomodidad de compartir el mismo espacio sin saber quién será el primero en dar el portazo. Mientras tanto, Bartolo Abdala sonríe en la esquina, disfrutando del espectáculo. No necesita mover un dedo: en la política puntana, las rupturas suelen cocinarse solas.
NINGÚN GIL
Hay políticos que confunden la militancia con el teatro. En La Punta, la escenografía está lista y los protagonistas ensayan su mejor actuación. Mario Gil, concejal con instinto de supervivencia más desarrollado que el de un gato callejero, se perfila como el gran estratega de la temporada electoral. Su plan es tan viejo como efectivo: criticar con una mano, negociar con la otra y, si es necesario, cambiarse de camiseta antes del pitazo final. La política como el arte del reciclaje.
La supuesta disputa con Luciano Ayala se parece más a una novela por entregas que a un enfrentamiento real. Gil quiere despegarse del oficialismo para parecer un outsider, pero no suelta la soga que lo une al poder. Su coqueteo con los liberales de la localidad serrana es un clásico de la rosca puntana: moverse de un lado al otro sin nunca salir del centro del escenario. Un malabarismo que haría sonrojar a cualquier equilibrista del Cirque du Soleil.
Las malas lenguas dicen que su ruptura con el intendente es una puesta en escena digna del Oscar. La jugada es clara: fragmentar el espacio oficialista, garantizarse lugares estratégicos y mantener influencia en la gestión municipal, aunque sea desde otro sello político. No sería la primera vez que una pelea simulada termina en acuerdo puertas adentro. En el fondo, se trata de una gran obra coral donde todos actúan indignados, pero nadie abandona el libreto.
La estrategia tiene sus riesgos. Si Gil se pasa de astuto, podría quedarse sin banca y sin aliados, atrapado en su propio juego de sombras. Porque en política, al final del día, las lealtades fingidas terminan en traiciones reales. Y si hay algo que los votantes empiezan a notar es cuando los aplausos son grabados y las peleas, coreografiadas.
La Punta no necesita más actores, necesita dirigentes que dejen de jugar al club de la pelea sin golpes y empiecen a resolver los problemas reales. Pero claro, eso es pedir demasiado en una ciudad donde la rosca es el deporte más practicado y la coherencia política es tan difícil de encontrar como una línea de colectivos que llegue a horario.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
Asegura que su gestión repavimentó más de 100 calles, pero en la realidad los vecinos dicen no verlas. Denuncian accidentes por los baches y se multiplican las críticas en las redes sociales.
En una de las reuniones de gabinete más calientes, el gobernador advirtió que Rodríguez Saá todavía tiene poder y pone nerviosa a toda la gestión.
Insólito e increíble. Eugenia Gallardo dijo en el canal oficial que el gobernador la nombró luego de mandarle algunos tips sobre el plan. Docentes y padres preocupados por la improvisación estatal.
El gobierno de Claudio Poggi atraviesa su momento de mayor tensión política, y la razón tiene nombre y apellido: Alberto Rodríguez Saá.
El gobierno aumentó la partida para el PANE. Además, politiza las escuelas mandando funcionarios a “controlar”, generando malestar entre docentes y trabajadores.
A 20 días de las elecciones, volverán a anotar gente como ya hizo el gobernador en otras elecciones. No hubo anuncios salariales, ni de obras de importancia.
Mientras Moriñigo le pega a Milei por el presupuesto universitario, en San Luis armó un evento con lujos y vuelos privados con el aval del gobierno de Poggi.