
Efecto Rigau: el gobierno recomendó a los funcionarios no publicar fotos mientras están de vacaciones
Redacción
En el guion de Claudio Poggi, la austeridad se ha convertido en el mantra que todo funcionario debe recitar. Pero como suele pasar, lo que se dice y lo que se hace son dos capítulos completamente distintos de una misma tragicomedia política. Esta vez, el telón se abrió con Juan Manuel Rigau, el ex ministro de Turismo y Cultura, quien decidió que su álbum de fotos africano no debía quedarse en privado.
Allí, entre safaris y paisajes exóticos, Rigau no solo expuso su amor por los animales salvajes, sino también las grietas de un gobierno que pregona pobreza y vive con comodidades de cinco estrellas. No es casualidad que el revuelo llegara en pleno discurso oficial sobre la supuesta bancarrota de las arcas provinciales. Poggi mismo, con su mejor cara de mártir financiero, apeló a una narrativa de ajuste que hace eco del ideario mileísta, pero que choca frontalmente con las acciones de sus alfiles.
Para contener el daño, desde la Secretaría de Ética Pública y Control de Gestión, comandada por Ricardo Bazla, se emitió un memorándum que roza lo ridículo. En términos formales, el texto exhorta a los funcionarios a mantener una conducta ejemplar, evitando publicaciones que puedan "dar lugar a apreciaciones erróneas". En lenguaje criollo: "chicos, no se manden al frente con las fotos". Una suerte de manual para mantener el espejismo intacto.
Lo irónico es que esta “recomendación” surgió después del escándalo Rigau, quien además habría asegurado su futuro financiero con un contrato exprés antes de partir. Así, mientras Poggi clama por austeridad, el “gaucho” se asegura una reserva cómoda en el oficialismo. Todo muy acorde al mensaje de sacrificio colectivo que el poggismo intenta imponer.

El problema no son los viajes en sí. Todo funcionario tiene derecho a desconectar. Pero cuando ese derecho se ejercita con opulencia mientras se predica ajuste y sacrificio, el mensaje se convierte en una burla. El relato de la austeridad no se sostiene cuando los mismos que lo proclaman disfrutan de privilegios que desentonan con la realidad de los ciudadanos. No es solo un problema de redes sociales, es un problema de coherencia.
La gestión Poggi se especializa en la puesta en escena. Los números maquillados, las obras a medio hacer y los discursos sobre ética pública son parte del decorado de una administración que se esfuerza más en parecer que en ser. Pero la realidad, como las fotos en África, siempre termina saliendo a la luz. Y cuando eso pasa, no hay memorándum que pueda salvar el relato.


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