
Editorial: Domingo de lluvia, calles sin plan

Este domingo, San Luis se despertó bajo una lluvia persistente.
Una lluvia que no debería ser más que eso: agua.
Pero en esta ciudad mal planificada, mal gestionada y peor mantenida, cada gota es un detonante.
Llueve y rebalsan las cloacas.
Llueve y las veredas se convierten en canales.
Llueve y los vecinos sacan trapos para frenar lo inevitable:
la ciudad está rota.
Y si hay algo más sucio que el agua servida en la puerta de tu casa, es la impunidad con la que algunos se pasean llamando “gestión” a este desastre.
En la gestión de Jorge Gastón Hissa, la ciudad no se gobierna: se maqueta.
Todo es Instagram, cartelería, promesas.
Todo se presenta como “urbanismo moderno”, pero las cloacas revientan en plena lluvia.
No hay prevención hídrica.
No hay planificación territorial.
No hay inversión real en infraestructura de base.
Solo hay carteles, contratistas y contratos.
Porque para esta gestión, todo es negocio.
Y cuando el foco está puesto en “hacer caja”, lo que se abandona es lo esencial:
La obra que no se ve,
El pozo que se tapa antes de que explote,
El desagüe que se limpia aunque no se vea bien en la selfie.
Cuando llueve, la verdad queda a la vista
El agua cae sin pedir permiso.
Y arrastra con ella toda la mugre que el Municipio intenta esconder bajo alfombra.
Las cloacas desbordan, sí.
Pero también rebalsan la desidia, la falta de mantenimiento y la indiferencia oficial.
Una ciudad que colapsa con la primera tormenta no es una ciudad:
es una escenografía barata sostenida con alambre.
Los vecinos saben que esto no es nuevo
Lo viven cada vez que llueve.
Lo padecen cada vez que hacen un reclamo que no se responde.
Lo ven cuando un funcionario aparece para la foto, pero no para barrer la calle.
Y entonces nos preguntamos:
¿Hasta cuándo vamos a naturalizar vivir así?
¿Hasta cuándo vamos a aceptar que la lluvia sea tragedia y no una bendición?
¿Hasta cuándo vamos a soportar que la política se reduzca a pintar cordones mientras las cloacas revientan por falta de obra pública real?
Señor intendente, no es el clima. Es usted.
El problema no es la tormenta.
El problema es una gestión que no gestiona.
Una ciudad que se tapa no por la lluvia, sino por la improvisación sistemática.
Y es hora de decirlo claro:
San Luis no se inunda por obra de Dios, sino por omisión del Estado.
“Llueve en San Luis, y no rebalsan las cloacas: rebalsa el modelo de ciudad que Hissa administra como si fuera el Lobo de Wall Street.”


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