Ganancias sí o sí: Caputo desafía a Bullrich y a los gobernadores

Caputo confirmó que el capítulo de Ganancias seguirá en la reforma laboral, mientras crecen las tensiones con Bullrich y los gobernadores.
Nacionales29 de enero de 2026LavalleLavalle
Caputo y Bullrich
Caputo y Bullrich

En medio de la fuerte pulseada política que rodea a la llamada “Ley Ómnibus”, el ministro de Economía, Luis Caputo, decidió ir a fondo y bajarle el pulgar a cualquier intento de moderación. Aunque desde sectores del oficialismo, incluida Patricia Bullrich, buscaron calmar las aguas en el Senado, el funcionario dejó en claro que el capítulo más polémico de la reforma laboral (la vuelta del impuesto a las Ganancias sobre los salarios) no se toca.

La definición de Caputo volvió a encender tensiones dentro del propio espacio gobernante y con los gobernadores, que vienen advirtiendo sobre el impacto político y fiscal de reinstalar el tributo sobre trabajadores en relación de dependencia. Para muchos mandatarios provinciales, la medida no solo golpea el bolsillo de miles de empleados, sino que puede erosionar aún más la base social en un contexto económico ya extremadamente sensible.

El artículo en cuestión reintroduce el impuesto a las Ganancias para amplios sectores de trabajadores formales, luego de que el esquema anterior había elevado significativamente el mínimo no imponible. Con la nueva redacción, miles de salarios volverían a quedar alcanzados por el tributo, lo que en la práctica implica una reducción directa del ingreso real.

Desde el Ministerio de Economía argumentan que la medida es clave para recomponer recursos fiscales y sostener el plan de ajuste que impulsa el Gobierno. Caputo sostiene que sin este capítulo resulta imposible equilibrar las cuentas públicas en el corto plazo y cumplir con los compromisos financieros asumidos.

Sin embargo, en el Congreso el escenario es cada vez más tenso. Bullrich quedó en una posición incómoda, intentando sostener la unidad del bloque oficialista mientras sectores dialoguistas presionan por una salida negociada que evite un nuevo costo político para el Gobierno. En privado, varios senadores reconocen que la resistencia al capítulo de Ganancias crece día a día.

Algunos gobernadores ya hicieron saber que no acompañarán la iniciativa si se mantiene tal como está planteada. Señalan que, además del impacto social, la decisión puede profundizar conflictos con sindicatos y sectores medios que ya vienen soportando una fuerte pérdida de poder adquisitivo.

El conflicto, sin embargo, va mucho más allá de una discusión técnica impositiva. En los pasillos del Congreso se interpreta como una verdadera pulseada de poder dentro del oficialismo, donde Caputo busca imponer sin concesiones su hoja de ruta económica, aun a costa de tensar alianzas políticas que hasta ahora resultaban clave para sostener la gobernabilidad.

Para el ministro, retroceder en Ganancias sería una señal de debilidad frente a los mercados y a los organismos financieros internacionales. Para otros sectores del Gobierno, en cambio, el costo político de insistir puede ser demasiado alto en un clima social cada vez más frágil.

Mientras tanto, los sindicatos ya comenzaron a mover fichas y evalúan medidas de fuerza si el impuesto vuelve a golpear los salarios. Desde centrales obreras advierten que se trata de una “confiscación encubierta” en un momento donde la inflación y los tarifazos ya licuaron gran parte de los ingresos.

En este escenario, el debate en el Senado se transformó en una verdadera bomba de tiempo. Cada voto cuenta y las negociaciones se intensifican a contrarreloj, con un Gobierno decidido a avanzar y una oposición que huele una oportunidad de frenar uno de los puntos más impopulares de la reforma.

Caputo, por su parte, parece dispuesto a jugar fuerte hasta el final. Su apuesta es que el ajuste económico, aunque doloroso, termine estabilizando las variables macro y le dé oxígeno político al Gobierno en el mediano plazo. El problema es el costo inmediato que implica para millones de argentinos.

La disputa por Ganancias se convirtió así en uno de los termómetros más claros del nuevo mapa de poder en la Argentina: un Ejecutivo decidido a imponer su programa económico sin concesiones, gobernadores que buscan defender territorios y un Congreso que se mueve entre la negociación y el quiebre.

Con el reloj legislativo avanzando y la presión social en aumento, la pregunta ya no es solo si Ganancias se queda o se va, sino cuánto capital político está dispuesto a quemar el Gobierno para sostener su plan económico.

eso, el reloj avanza y la rosca ya huele a quiebre.

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