Mette Frederiksen, la primera ministra que frenó la pretensión de Trump sobre Groenlandia

La líder danesa enfrentó la presión del presidente estadounidense y defendió la soberanía de un territorio estratégico en el Ártico, desatando un choque diplomático que sacude las relaciones transatlánticas.

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La Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen
La Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen

Cuando, hace semanas, el presidente Donald Trump renovó sus comentarios sobre la posibilidad de que Estados Unidos“adquiera” Groenlandia, el mundo diplomático contuvo la respiración. Detrás de la respuesta europea más firme estuvo Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca y figura central en la pelea por preservar la soberanía de aquel vasto territorio estratégico del Ártico.

Frederiksen (líder del Partido Socialdemócrata y primera ministra desde 2019, además de la más joven en ocupar ese cargo en la historia danesa) ha sido clave para desactivar, por ahora, el avance diplomático y político impulsado por Trump.

El conflicto no es menor: Groenlandia es un territorio autónomo bajo la soberanía del Reino de Dinamarca, rico en recursos naturales y con ubicación estratégica para el control del Ártico. La insistencia de Trump en 2025‑2026 (incluyendo amenazas arancelarias y declaraciones ambiguas sobre la posibilidad de “obtener” el control de la isla) sacó a Frederiksen al frente de una firme defensa de la integridad territorial y política europea.

En discursos y negociaciones con líderes de la OTAN y la Unión Europea, Frederiksen no se limitó a rechazar las presiones externas: puso como “línea roja” innegociable la soberanía danesa sobre Groenlandia, incluso cuando Trump insinuó posibles concesiones sobre la presencia militar estadounidense en la isla.

Más allá de la retórica, la primera ministra danesa aceleró esfuerzos diplomáticos con otras capitales europeas (incluidas reuniones con Alemania y Francia para consolidar apoyo) y reforzó la cooperación con las autoridades groenlandesas para presentar un frente sólido frente a Washington.

El choque (que también reactivó protestas populares bajo lemas como “Groenlandia no está en venta” en Copenhague y Nuuk) fue acompañado por advertencias de líderes europeos que temen que una acción unilateral de EE. UU. sobre un aliado de la OTAN pueda dañar profundamente la alianza transatlántica.

Para Frederiksen, la disputa es tanto geopolítica como existencial: defender la soberanía de Dinamarca y Groenlandia frente a la presión de una superpotencia, sin romper la cooperación ni el respaldo mutuo que sostiene décadas de alianzas multilaterales.

En las encuestas internas, su postura ha fortalecido su apoyo político, y su carácter directo, crítico y firme frente a Trump (sin concesiones fáciles) la ha consolidado como una de las figuras más relevantes de la política europea contemporánea.

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