Purga, traición y poder: qué pasó realmente en China tras la caída del general más poderoso

Occidente habla de golpe de Estado. Beijing habla de traición. La realidad es más compleja (y más inquietante): China atraviesa una purga profunda en su cúpula militar que expone tensiones internas en el corazón del poder.

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Zhang Youxia (al frente) presta juramento como vicepresidente de la Comisión Militar Central junto a otros miembros del organismo
Zhang Youxia (al frente) presta juramento como vicepresidente de la Comisión Militar Central junto a otros miembros del organismo

La caída y detención del general de mayor rango del Ejército Popular de Liberación no es un hecho menor ni rutinario. Se trata de un hombre clave del sistema militar chino, cercano al presidente Xi Jinping, y hasta ahora considerado parte del núcleo duro del poder. Su desplazamiento abrió dos relatos opuestos: para los medios occidentales, un posible intento de golpe; para el régimen chino, una purga por traición y violaciones graves a la disciplina del Partido.

Lo confirmado es esto: Beijing reconoció oficialmente la investigación y utilizó un lenguaje inusualmente duro. No habló solo de corrupción, sino de haber socavado el sistema de mando central, es decir, el principio que establece que el Partido (y Xi) controlan de manera absoluta a las Fuerzas Armadas. En la lógica del régimen, eso equivale a una falta política extrema, no a un delito administrativo.

Desde Occidente, el foco estuvo en los rumores. Analistas y medios especularon con un golpe de Estado o una conspiración interna, alimentados por el rango del general, la rapidez de la caída y el silencio inicial del gobierno chino. Sin embargo, no hubo señales clásicas de un golpe: no se registraron movimientos de tropas, enfrentamientos, cortes masivos de comunicaciones ni comunicados contradictorios. Lo que sí hubo fue una purga quirúrgica y un mensaje disciplinador.

La hipótesis más sólida es otra: Xi Jinping está profundizando una limpieza interna en el Ejército, en un momento de alta tensión geopolítica y reconfiguración del poder global. La purga no solo elimina posibles focos de autonomía militar, sino que refuerza un mensaje interno brutal: nadie está a salvo, ni siquiera los hombres más cercanos al líder.

¿Golpe frustrado? No hay pruebas públicas para afirmarlo. ¿Purga política? Todo indica que sí. Lo que ocurrió en China no fue un temblor institucional visible, sino algo más silencioso y característico del sistema chino: el poder se reordena puertas adentro, sin ruido, pero con consecuencias profundas. Y cuando el Ejército entra en ese proceso, el mundo presta atención.

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