Estallaron de indignación los vecinos con Hissa por el agua turbia y con olor a podrido

En la ciudad suben los impuestos, pero baja la calidad de vida. A los cortes de agua, se suman las pésimas condiciones del agua potable que entrega la gestión municipal.

Provincia21 de enero de 2025RedacciónRedacción
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El agua, ese derecho esencial que damos por sentado, se transformó en un lujo amargo para los vecinos de San Luis. Literalmente. Durante todo enero, lo que salió de las canillas fue un líquido grisáceo, con un hedor nauseabundo que hacía imposible beberlo, cocinar o incluso bañarse sin asco.

Las redes sociales se inundaron de quejas, al igual que los medios locales, que reflejaron el hartazgo de una población que ve cómo la calidad de vida se evapora mientras los impuestos se disparan. En la mira está el intendente Jorge Gastón Hissa, cuya gestión ya carga con un prontuario de servicios públicos en decadencia y silencios administrativos vergonzosos.

“En el centro no se podía tomar el agua. Ahora te da asco hasta bañarte con el olor a podrido que tiene”, sentenció Federico Montes, vecino y una de las tantas voces hartas de la situación. Y no es para menos: los cortes de agua prolongados y la insalubridad del suministro afectan la vida diaria en todos los niveles.

Peor aún, las críticas no se limitan al líquido turbio. Las acusaciones apuntan también al papel “extraoficial” del hermano del intendente, quien, según trascendidos, opera como el verdadero gestor de los servicios. Si hay un problema, todo queda en familia.

Laura Paunicci, otra vecina, fue más allá en su reclamo: “¿Nos tomás de ignorantes a los puntanos? Mi viejo estuvo con vómitos y diarrea por consumir esta porquería. ¿Y ahora qué van a decir? Ojalá tenga la dignidad de renunciar ya”.

Hissa, que ya cumplió un año al frente del municipio, ha demostrado que, si bien los impuestos suben con puntualidad, las soluciones jamás llegan a tiempo. Los problemas estructurales en el suministro de agua se profundizan, y lo que debería ser un bien básico se ha convertido en la última gota de un vaso que los vecinos ya no toleran.

El agua no miente. Es sucia, huele mal y refleja con fidelidad el estado de una gestión incapaz de cumplir con lo elemental.

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