
Arde la interna oficialista por la presidencia del Concejo Deliberante
Redacción
La interna oficialista por la presidencia del Concejo Deliberante de San Luis está que arde. Tres candidatos del mismo bloque, todos con ambiciones personales y poco interés en lo colectivo, se disputan la silla caliente del Legislativo para 2025. Las operaciones, los escándalos y las traiciones están al orden del día, en un espectáculo que parece más un reality show que una pulseada política seria.
Primero está Agustina Arancibia Rodríguez, la actual presidenta del Concejo. Su mandato ha sido un torbellino de conflictos, con escándalos que han minado su liderazgo, desde su estilo autoritario hasta su enfrentamiento con trabajadores. Sin embargo, ella no quiere ceder el trono. La pregunta es: ¿a quién le queda energía para seguir con una conducción que ya luce agotada?
Por otro lado, emerge Micaela Medina, la apuesta del radicalismo. El partido que durante este año ha respaldado con disciplina cada capricho municipal ahora se siente con derecho a reclamar su cuota de poder. Medina quiere aprovechar la debilidad de Arancibia Rodríguez, pero su candidatura plantea una paradoja: ¿cómo representar los valores radicales cuando has apoyado decisiones que traicionan tus principios?
Finalmente, aparece Mario Silvestri, presidente del bloque oficialista y autoproclamado sucesor. En los pasillos del Concejo, asegura que el puesto será suyo, lo que desató una lluvia de operaciones en su contra, incluyendo las habituales campañas de difamación desde perfiles falsos que se conocen salieron de las entrañas del propio HCD.. Silvestri tiene un as bajo la manga: Arancibia Rodríguez, solo desistiría de su candidatura si es él quien toma el mando. Una jugada que parece más un pacto de supervivencia que un consenso político.
Mientras la cúpula oficialista trata de imponer el orden, los concejales rasos juegan al mejor postor. Laura Sánchez brilla en este escenario, famosa por "alquilar" su banca y ya está lista para hacer caja con su voto. El resto, fieles al manual oficialista, se limitará a obedecer las órdenes de la intendencia, como lo hicieron durante todo el año: sin ideas, sin oposición, sin siquiera aparentar independencia.

En medio del caos, aparece la sombra de Agustín, hermano del intendente Jorge Gastón Hissa y autodenominado operador político de la intendencia. Sin experiencia ni resultados palpables, Agustín se pasea por las filas del radicalismo y el oficialismo como un monarca sin corona, buscando imponer las decisiones que favorezcan al clan Hissa.
Lo que debería ser una discusión seria sobre el rumbo político del Legislativo local se reduce a un festival de egos, arreglos bajo la mesa y operetas mediáticas. Los verdaderos temas de la ciudad, esos que deberían ocupar el centro del debate, quedan relegados mientras los actores políticos se hunden en una lucha intestina por un puesto de poder.


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