
Vecinos piden que no les cobren impuestos municipales en un barrio donde la gestión de Hissa no presta ningún servicio
RedacciónEl reclamo de los vecinos del loteo Bosque Algarrobo no es un hecho aislado. Es, más bien, una postal nítida del deterioro sostenido de los servicios básicos en la ciudad de San Luis desde la llegada de Jorge Gastón Hissa a la intendencia.
A través de una presentación formal, la Asociación de Profesionales y Técnicos de la Salud (APTS), en representación de los propietarios de 410 terrenos ubicados en la zona de Barrancas Coloradas, solicitó al municipio la reconsideración del cobro del canon municipal correspondiente a 2025 y 2026, argumentando una razón difícil de refutar: no reciben ningún servicio.
Ni agua potable, ni alumbrado público, ni recolección de residuos, ni mantenimiento de calles. Nada. El municipio cobra como si gestionara, pero gestiona como si no cobrara.

El planteo desnuda una situación cada vez más evidente en la capital puntana, se exige al contribuyente una presión fiscal intacta, mientras los servicios retroceden a niveles preocupantes.
Desde el inicio de la actual gestión, la crisis de los servicios básicos se convirtió en una constante. Barrios sin luz, calles intransitables, basurales a cielo abierto, problemas crónicos con la recolección de residuos y zonas enteras sin mantenimiento forman parte de una rutina que ya no sorprende, pero sí agota.
En este contexto, el caso de Bosque Algarrobo funciona como símbolo de una ciudad donde el Estado municipal se retiró de vastos sectores, aunque no retiró su voracidad recaudatoria.
El reclamo adquiere además un peso político particular, los propietarios son, en su mayoría, trabajadores de la salud pública, uno de los sectores más golpeados por el ajuste, la pérdida salarial y la sobrecarga laboral. Aun así, deben afrontar el pago de tasas municipales sin recibir contraprestación alguna.
La situación vuelve a poner bajo la lupa el modelo de gestión del intendente, caracterizado por una fuerte centralidad en lo comunicacional y una debilidad estructural en la prestación de servicios esenciales. Mucha inauguración, mucha foto, mucho anuncio, pero poca calle, poco barrio y menos soluciones.
Mientras tanto, en San Luis capital crece una sensación incómoda: la ciudad paga más y recibe menos. Y cuando los vecinos empiezan a pedir formalmente que no les cobren impuestos, no se trata de rebeldía fiscal: se trata de hartazgo social.




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