Rosca & Tongo: circo, colectivos y la nada
NO ARRANCÓ
En la política puntana siempre hubo operaciones. Algunas elegantes, otras rústicas, y después esta la de los "bondis" que pertenece a la categoría "más ordinaria que peluca con caspa". Millones en pauta, colectivos alquilados, pancartas incomprensibles y un periodista–funcionario jugando al movilero provocador. El resultado fue un espectáculo tan aburrido que daban ganas de meter la cabeza en algún dispositivo y ver el streaming de Alberto Trombetta o la programación de San Luis + más cinco minutos. (Nadie hace eso, señora, no se preocupe)
Michael Corleone lo dejó dicho en El Padrino III: "nunca odies a tus enemigos, porque afecta tu juicio". Para gastar dos millones en colectivos con un cartel que no entendió ni el chofer, hay que estar muy enojado o muy lejos de la realidad de la provincia. Con ese combo surgen las genialidades del poggismo, que no tuvo mejor idea que acercarse a un exgobernador con un colectivo de juguete como si estuviéramos en el Caiga Quien Caiga de los noventa, cuando el chiste ya no hacía gracia. En 2026, la escena olió más a desesperación que a chascarrillo político. El movilero–funcionario se chocó con militantes, la operación se desinfló en tiempo real y lo que iba a ser una provocación terminó siendo una escena incómoda que ni siquiera alcanzó categoría de escándalo.
El plan B fue victimizar al cronista, que no fue respaldado ni por sus propios colegas, mientras Masci llamaba a FOPEA pidiendo un comunicado, un tweet, algo. Demasiado esfuerzo para una opereta que no prendió ni con un bidón de nafta. Sobre todo porque el problema no estaba en la calle sino en otro lado, mientras los medios amigos inflaban el episodio, en los tribunales el clima era bastante menos favorable para el gobernador. Tanto que el colectivo grande no se quedó ni para la sentencia.
AMIGOS CON DERECHO
El episodio de los colectivos tiene esa virtud de las malas ideas, en la reunión suenan brillantes y a la mañana siguiente nadie quiere reconocer como propias. Así surgieron otras propuestas de la materia gris poggistas como la marca "Conexión San Luis" o la apuesta por Wanda Nara, con la esperanza de que su magnetismo digital se tradujera mágicamente en turistas llegando a la provincia. La creatividad oficial tiene un historial consistente de mal gusto y eso se nota cada vez más.
Pero la política puntana siempre encuentra el beneficio inesperado. Toda la opereta produjo un pequeño milagro sentimental, Emiliano Pascuarelli, director de San Luis +, salió a poner el cuerpo para defender a uno de sus críticos más persistentes dentro del canal. Una escena que hasta la semana pasada parecía imposible. Y para los mal pensados que leen esto, sí, a vos te hablo, nada tuvo que ver que desde arriba le hayan pedido olvidar sus resquemores.
Porque hay que tener mucho espíritu cristiano para perdonar a un colega que te quiso voltear varias veces, recontrató a la gente que vos echaste, te invitó a pelear, hizo circular el decreto de tu hermano y te desacreditó día y noche con el "Valijero estrella". Que viva la amistad.
BURRUEZO
Rafael Berruezo, fiscal suplente de la provincia, tiene una relación muy selectiva con la agenda judicial. Brilla por la ausencia en los casos del día a día, pero apareció radiante cuando declaraba como testigo, Alberto Rodríguez Saá. Fue como ese arquero de barrio que vuelve a ponerse los guantes para el partido importante, se come tres goles en diez minutos y se va antes de que alguien le pida explicaciones. Mala elección de calendario. En vez de imponer presencia, protagonizó una actuación que el humor tribunalicio no tardó en procesar: entre secretarías, despachos y grupos de WhatsApp nació el apodo "Burruezo", con memes, stickers y fotos de IA que recorrieron el Poder Judicial más rápido que Poggi echando radicales del gobierno.
La causa que venía inflada desde los despachos de Terrazas quedó expuesta a la intemperie. La intervención del fiscal no fortaleció el relato oficial, más bien lo dejó tambaleando como decorado de cartón después de un viento fuerte. Y en el fondo del cuadro apareció lo que muchos sospechaban, la urgencia del poggismo por instalar ruido judicial mientras otros expedientes, bastante más incómodos, empiezan a respirar demasiado cerca. Saludos a Bazla.
RIZZOTO PEGADO
El tercer día del juicio contra Cintia Ramírez trajo a escena a la martillera Marina Rizzotto, que llegó al estrado con una misión delicada: ponerle precio a un ómnibus de larga distancia usando una fórmula de depreciación contable. Traducido al castellano político-judicial: explicar un valor de mercado con una cuenta de Excel. El pequeño detalle es que el mercado no apareció por ningún lado. El colectivo terminó valuado como si fuera un ejercicio práctico de la Facultad, en una clase en la que nadie quiere estar.
El inconveniente de estas alquimias contables es viejo como la política misma: cuando el precio deja de surgir de la realidad y empieza a salir de una fórmula, lo que se obtiene ya no es una tasación sino un relato. El valor del colectivo terminó dependiendo más de la imaginación aritmética que de cualquier operación concreta. Algo así como tasar un asado leyendo el manual de la parrilla.
La frutilla del postre llegó cuando la testigo estrella de la Fiscalía dedicó parte de su intervención a leer su currículum. Un momento formativo para la sala, sin dudas. Aunque por el efecto que tuvo la declaración, ese CV probablemente tenga desde ahora menos circulación que los famosos protocolos de ética de Bazla.