NASA vuelve a fallar: Artemis II lunar se aplaza otra vez
La agencia espacial estadounidense NASA anunció este martes que el lanzamiento de la misión Artemis II, destinado a llevar humanos alrededor de la Luna por primera vez desde 1972, no se realizará el 8 de febrero como estaba previsto y quedó postergado al menos hasta marzo de 2026. La causa formal fue la detección de fugas de hidrógeno líquido en el cohete Space Launch System (SLS) durante una prueba clave de pre-lanzamiento, una “ensayo general con combustible” que debía validar todo el sistema antes del despegue real.
Los detalles técnicos son preocupantes: los sensores registraron fugas de hidrógeno en conexiones críticas de la etapa central del cohete, lo que llevó a detener el simulacro de cuenta regresiva tan sólo cinco minutos antes de completar el ejercicio. Fugas de este tipo ya habían surgido durante la misión no tripulada Artemis I en 2022, lo que plantea dudas sobre si la NASA está aprendiendo de sus propios errores o simplemente repitiendo viejos problemas bajo nuevo nombre.
La NASA sostiene que la seguridad de la tripulación (compuesta por los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen) es la prioridad absoluta, y por eso prefieren volver a evaluar todos los datos antes de fijar una nueva fecha de despegue. Sin embargo, este retraso es sólo el último episodio de una saga de aplazamientos técnicos y cronológicos que se remontan años atrás: según registros históricos, Artemis II había pasado por múltiples postergaciones desde su fecha original estimada en 2019–2021 hasta fijarse en febrero de 2026.
A pesar de que el anuncio de la NASA presenta esta pausa como una prudencia “científica y de seguridad”, la secuencia de eventos invita a un análisis más crítico: ¿por qué un programa que se vende como bandera de la supremacía tecnológica estadounidense sigue lidiando con fallos elementales como filtraciones de hidrógeno? ¿Qué costos acumulados (económicos, políticos y de reputación) está acumulando el programa Artemis en cada aplazamiento? El programa Artemis, que incluye misiones posteriores como Artemis III con alunizaje previsto, ha sufrido retrasos, sobrecostos y críticas internas incluso dentro de la propia NASA, según publicaciones especializadas en ingeniería aeroespacial.
Las ventanas de lanzamiento lunar no son fijas; dependen de la posición orbital de la Luna y de condiciones climáticas en el Centro Espacial Kennedy en Florida. Inicialmente la NASA descartó todo intento de lanzamiento en febrero tras la falla, y ahora apunta a ventanas posibles en marzo, con fechas tentativas entre el 6 y el 11 de ese mes si se logran resolver los problemas detectados en el tanque de combustible y en otros sistemas complementarios.
Este nuevo aplazamiento se da además en un contexto donde la NASA ha enfrentado críticas presupuestarias y tecnológicas internas. Informes de la Oficina del Inspector General de la NASA habían advertido sobre el agotamiento de los tiempos previstos para resolver “problemas imprevistos” en sistemas fundamentales, lo que ya había empujado el lanzamiento desde 2025 a 2026 incluso antes de esta reciente prueba fallida.
A nivel simbólico y político, la misión Artemis II es presentada por la NASA como la gran “vuelta de Estados Unidos a la exploración lunar”, recuperando el espíritu de las misiones Apolo. Pero la sucesión de delays técnicos y el hecho de que un problema clásico (fugas en líneas de hidrógeno) sea el que detenga la cuenta regresiva reabre preguntas sobre la coherencia en la planificación, la ejecución técnica y la gestión de riesgos en proyectos de alta complejidad. ¿Es este el “nuevo capítulo” de la exploración espacial o simplemente una repetición de los mismos errores con más presupuesto y menos resultados?
Más allá de la narrativa oficial de cautela tecnológica, lo cierto es que cada aplazamiento tiene impacto financiero y reputacional directo para una agencia que depende de asignaciones federales y del consenso político en Washington. Y mientras la NASA prepara una nueva wet dress rehearsal y revisa cada sello y línea de combustible, el reloj sigue corriendo no sólo contra la física orbital, sino contra la credibilidad de un programa que se vende como avanzada punta de la ciencia, pero que tropieza con las mismas piedras que misiones mucho más humildes en décadas pasadas.






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