
Cosquín 2026 arrancó con una señal clara: la cultura sigue siendo federal

El arranque de Cosquín 2026 tuvo una noche cargada de simbolismo. Jorge Rojas, uno de los artistas más convocantes del folklore argentino, invitó a Jairo a compartir escenario en una aparición que fue celebrada como gesto de respeto, continuidad y memoria cultural.
Más allá de la sorpresa artística, la primera luna dejó una postal clara: el folklore sigue vivo cuando se piensa como identidad colectiva y no como producto descartable. La combinación de voces, trayectorias y estilos mostró que la tradición no está reñida con la renovación, sino que se fortalece cuando dialoga.
El respaldo del público fue inmediato. Cosquín volvió a demostrar que, incluso en tiempos de ajuste y discusiones sobre el rol del Estado en la cultura, hay expresiones que sobreviven porque están arraigadas en el territorio. El festival no es solo un escenario: es una red federal que conecta provincias, historias y generaciones.
En una Argentina fragmentada, la primera luna de Cosquín 2026 funcionó como recordatorio: la cultura popular no necesita permiso para existir, pero sí necesita espacios donde encontrarse. Y cuando eso ocurre, el mensaje trasciende la música.


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