
Malestar de los afiliados de Dosep por la baja en la cobertura de medicamentos
Redacción
Entre gallos y medianoche, y sin una mísera circular que lo anticipe, la Dirección de Obra Social del Estado Provincial (Dosep) decidió rediseñar su política de cobertura en medicamentos. No fue una mejora, por supuesto. Los afiliados, que solían contar con un 50% de descuento como un derecho casi ritual, hoy se enfrentan a una rebaja de la rebaja, ahora el beneficio oscila entre un mezquino 30% y, si hay suerte, un 45%.
Nadie fue consultado. Nadie fue informado. Nadie entiende del todo cómo, cuándo ni por qué. Lo único claro es que el gasto de bolsillo crece justo cuando los salarios hacen equilibrio sobre una cuerda floja que cada vez cuelga más bajo.

El truco está en la implementación de una tarifa de referencia. ¿Qué significa eso? Que si usted toma un medicamento para una enfermedad crónica y prefiere una marca reconocida (porque confía en ella, porque le funciona, porque no quiere experimentar), Dosep ahora decide que le va a cubrir un porcentaje, pero no sobre el precio real, sino sobre el de una versión más barata. El resultado es que usted paga más, aunque le digan que le están haciendo un favor.
Detrás de este ajuste encubierto hay una narrativa más amplia, la del recorte. El gobierno provincial aprieta el cinturón de la obra social mientras los afiliados aprietan sus bolsillos. La reducción de servicios, los pagos atrasados a prestadores y la creciente presión sobre los médicos, que cobran plus porque la cobertura oficial no alcanza, completan un panorama desolador.
La pelea con el Círculo Médico es otro frente abierto que se suma al caos. Mientras los profesionales exigen actualizaciones y condiciones dignas, los afiliados quedan atrapados en el medio, pagando los platos rotos de una administración que hace malabares con la salud ajena.
La nueva “política de cobertura” no es más que una excusa técnica para enmascarar un recorte brutal. Porque cuando la salud se transforma en variable de ajuste, lo que está en juego no son sólo cifras, sino la dignidad de quienes, mes a mes, aportan a una obra social que ya no cubre, ya no responde y, lo peor, ya no cuida.



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