
Poggi usa la comida de los chicos para hacer campaña y pone a una candidata a cargo del PANE en plena crisis
Redacción
Este lunes, el gobernador Claudio Poggi, en una especie de cadena provincial, hizo declaraciones sobre el polémico Plan de Asistencia Nutricional Escolar (PANE). En medio de las masivas intoxicaciones de niños en San Luis y Villa Mercedes, evitó cualquier autocrítica y recurrió a un rejunte de datos que poco hacen para calmar a los padres afectados.
En un discurso en el leyó la mayor parte del tiempo y aún así está plagado de errores, Poggi sacó su viejo y confiable manual de excusas y responsabilizó a la gestión anterior por el fracaso de un programa que él mismo implementó. Lo defendió como si fuera una tabla de Excel repleta de números y datos inchequeables. No porque no sean supuestamente verídicos, sino porque simplemente no existe un informe que los respalde, a pesar de que distintos legisladores han solicitado información en reiteradas ocasiones.
Le costó una semana reaccionar y la solución que encontró sugiere, por lo menos, algo de politiquería. La misma acción que, durante los días de denuncias, su gobierno imputó a la oposición.

La "gran" idea de Poggi fue desmantelar la conducción del PANE, quitándosela a los radicales liderados por Celeste Aparicio y sacándola del ámbito del cuestionado ministro Guillermo Araujo. Pero en lugar de buscar a un especialista en nutrición o alimentación infantil, el gobernador optó por una movida electoralista y puso a cargo a Eugenia Gallardo, candidata a diputada por Ahora San Luis, el frente oficialista.
En una jugada que haría indignar sus propios operadores, si viniera de la oposición, Poggi politiza la alimentación de los niños, entregando la dirección del PANE a una dirigente sin experiencia en el área, cuyo currículum en la materia se reduce a manejar un polirubro en la entrada de Juana Koslay.
Este nuevo "dream team" que administrará el PANE deja varias preguntas en el aire. Primero, la incompatibilidad de Gallardo con su cargo de diputada, debería renunciar o, en su defecto, pedir licencia. Segundo, la falta de transparencia en el presupuesto, la confección de los menús, los controles sanitarios y, sobre todo, la oculta nómina de proveedores.
Poggi metió la política en las escuelas y a los niños en su estrategia electoral. Lo que hasta el domingo era un sacrilegio para su proyecto político, hoy es un hecho consumado. Pero las elecciones lo pueden todo, incluso hacer que el gobierno camine por una cornisa muy peligrosa y deje en ridículo su propio relato.



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