Hissa y el libreto eterno: siempre le piden plazas, nunca mejores servicios
Jorge Gastón Hissa tiene más presencia en los micrófonos que en la gestión. El intendente de la capital puntana visita barrios, da declaraciones y repite, con una regularidad que ya bordea lo irrisorio, que los vecinos le pidieron una plaza. En todos los barrios, siempre, como si todos los ciudadanos de San Luis pensaran todos igual, o como si él apostara a que ni los medios ni la gente van a reparar en que el libreto no cambia nunca.
El mecanismo tiene dos partes. La primera es el libreto del intendente, las mismas respuestas fijas, narrativa desgastada y ninguna improvisación que exponga los problemas reales de la ciudad. La segunda es la prensa local, que en buena medida reproduce ese libreto sin cuestionarlo. Los medios que dependen de la pauta municipal no tienen incentivos para preguntarle a Hissa por el estado de las cloacas, los cortes de agua o la recolección de residuos que falla en varios barrios. Le preguntan por las plazas, él responde sobre las plazas. Así veinte veces por semana, el mismo intercambio, con el mismo resultado.
Lo que ese circuito oculta es la distancia entre el relato oficial y lo que la ciudad reclama. En las redes sociales, donde la pauta no llega y el vecino habla sin filtro, los temas son otros: agua potable con cortes recurrentes, sistema cloacal al límite, calles deterioradas, basura que no se levanta. Ninguno de esos problemas apareció resuelto, ni siquiera atenuado, en dos años y medio de gestión. Pero en el libreto de Hissa no existen. Los vecinos, al parecer, solo piden plazas.
La proliferación de intervenciones menores presentadas como obras grandes (pintura, juegos nuevos, algún banco), tiene además una dimensión que la gestión no ventila, los montos que figuran asociados a ese tipo de trabajos no se condicen con su escala real. Quién contrata, quién ejecuta y cuánto cobra es una pregunta que el libreto no contempla.
A mitad de mandato, Hissa tiene una maquinaria comunicacional que gira en falso, un intendente que le repite el mismo libreto a la gente veinte veces por semana, en cada barrio, ante cada micrófono, mientras los servicios que debería garantizar se siguen cayendo. El relato no tapa nada, solo exhibe la distancia entre lo que se dice y lo que pasa.