
El método Caputo: la deuda no se paga, se patea

Un ciudadano argentino pide $1.000.000 de préstamo a (Mercado Pago). Tiene que devolver $2.200.000, pero no puede. Entonces le pide $2.200.000 a (Ualá) para cubrir la primera deuda. Ahora debe $4.600.000. Tampoco alcanza, así que le pide a (Tarjeta Naranja) otros $4.600.000, con el compromiso de devolver $9.800.000. Como no lo logra, recurre a su (banco) y consigue los $9.800.000. Hoy, debe $22.400.000. No puso un peso propio, pero debe 22 veces más de lo que pidió al inicio. Y aun así, se siente exitoso: mientras pueda refinanciar, todo “funciona”.
Este ejemplo, exagerado pero perfectamente reconocible en la Argentina actual, ayuda a entender la lógica que viene aplicando el ministro de Economía (Luis Caputo): pagar deuda con nueva deuda, sostener el esquema financiero con refinanciaciones permanentes y presentar como “orden” lo que, en el fondo, es una cadena que solo se sostiene si nunca se corta. Es la bicicleta financiera trasladada al Estado: no se cancela el problema, se lo desplaza en el tiempo. Y el costo no desaparece, se acumula.
Desde el 10/12/2023, el Gobierno recurrió a múltiples herramientas para mantener estabilidad y cubrir vencimientos: acuerdos y desembolsos con organismos (FMI, BID, Banco Mundial, CAF), colocaciones de deuda, rearmado de pasivos y movimientos dentro del propio Estado. La mecánica es similar a la del ciudadano endeudado: se obtiene financiamiento para cumplir con compromisos anteriores, mientras se busca sostener el tipo de cambio y evitar un salto inflacionario. En el corto plazo, ese “éxito” puede existir. Pero la pregunta real es cuánto dura.
El problema es que esta estrategia se vuelve peligrosa cuando no está acompañada por crecimiento genuino y acumulación real de dólares (exportaciones, inversión productiva, mejora de reservas). Porque si la economía no genera los recursos para sostener el repago, la bicicleta deja de ser una solución y pasa a ser una trampa. Y cuando un país cae en esa trampa, lo paga con recesión, ajuste, pérdida salarial y empobrecimiento generalizado (la famosa “estabilidad” a costa del consumo y la vida cotidiana).
De hecho, la evolución del stock de deuda muestra la dimensión del asunto: desde fines de 2023 en adelante, la deuda externa argentina siguió en niveles altísimos y con tendencia creciente. Hacia el tercer trimestre de 2025, el stock de deuda externa rondó los USD 316.935 millones, en máximos históricos, sin que el país haya logrado todavía un sendero claro de acumulación de reservas o expansión sostenida de exportaciones. En otras palabras: se gana tiempo, pero la cuenta sigue corriendo. Y como en el ejemplo del préstamo, mientras más se patea para adelante, más grande puede volverse el golpe cuando finalmente llegue.


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