
Trump reacciona: ¿es su locura o una respuesta tardía al avance chino en América Latina?

Desde que comenzó su nuevo mandato, Donald Trump ha impulsado una política exterior agresiva, desconcertante para muchos aliados. Amenazas militares, operaciones directas y declaraciones explosivas marcaron las primeras semanas de 2026. Sin embargo, más que un giro ideológico, sus decisiones podrían leerse como una reacción tardía a una derrota estratégica: Estados Unidos perdió el control de América Latina, y China ocupó su lugar.
Durante los últimos 20 años, China avanzó en silencio pero con firmeza sobre el continente. Con inversiones millonarias, financiamiento, comercio bilateral y construcción de infraestructura estratégica, Beijing se convirtió en el principal socio comercial de gran parte de Sudamérica, desplazando a Washington sin necesidad de intervención militar.
La influencia es clara: acuerdos bilaterales con más de 20 países, créditos en yuanes, participación en megaproyectos de puertos y energía, financiamiento de trenes, carreteras y parques industriales. En Perú, por ejemplo, la construcción del megapuerto de Chancay, financiado por empresas chinas, ofrece una alternativa al Canal de Panamá. En México, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec podría convertirse en la vía terrestre que una el Atlántico y el Pacífico, evitando rutas controladas históricamente por EE. UU., y despertando interés de capitales chinos.
Este último punto es clave: Panamá ha sido, durante décadas, un punto geoestratégico bajo influencia de EE. UU.. La posibilidad de que un país soberano como México (con socios asiáticos) desplace esa centralidad, pone en riesgo uno de los ejes de poder del hemisferio occidental.
En este contexto, Trump no está actuando irracionalmente. Está reaccionando con crudeza y desesperación ante un nuevo orden que ya se instaló sin que nadie en Washington lo frenara a tiempo. El “patio trasero” dejó de responder al comando directo de EE. UU. China, con paciencia y billetera, tejió relaciones duraderas mientras Estados Unidos miraba hacia otras guerras.
El ataque a Venezuela, las amenazas a Irán, las provocaciones sobre Groenlandia o la militarización del discurso no parecen responder a una estrategia planificada sino a una urgencia por recuperar posiciones perdidas. Pero el tablero cambió.
Hoy, la gran pregunta no es por qué Trump actúa así. La verdadera pregunta es:
¿Quién llegó más lejos en América Latina en los últimos 20 años: Estados Unidos o China?


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