Poggi cuestionó a la justicia por imputar a su secretario de Ética
Claudio Poggi salió a cuestionar la velocidad con que la justicia procesó la causa contra Ricardo Bazla, el funcionario que él mismo designó como secretario de Ética pública y que esta semana recibió imputación por siete delitos de corrupción. "Me sorprendió la velocidad con que se abordó este tema", declaró el gobernador, con una frase que en el fuero judicial leyeron sin demasiada ambigüedad.
Según los fiscales, el ex secretario habría ordenado la cosecha y venta del maíz producido allí. Los testigos clave en esa línea son empleados que denunciaron presiones internas y señalan también a Víctor Endeiza como parte del esquema. Poggi intentó reencuadrar el foco, sugirió que la investigación debería ampliarse hacia lo que ocurrió con ese campo antes de su gestión, un movimiento que demuestra el cimbronazo que generó la audiencia de formulación de cargos.
El gobernador presentó la situación como una muestra de transparencia propia, dijo haber tomado la decisión de apartar a Bazla y someterlo a investigación. Sin embargo, el relato omite que el ex secretario habría gozado de una licencia irregular durante el período en que la causa tomaba forma, dato que contraría la narrativa de reacción inmediata que Poggi intenta instalar.
La figura de Darío Oviedo, mencionada por Poggi como uno de los denunciantes, complejiza aún más el cuadro interno. Oviedo es también uno de los ex empleados que sostiene que las órdenes operativas venían directamente de Bazla y de Endeiza. Que el gobernador lo mencione como sostén de su relato, cuando ese mismo testigo apunta al núcleo de la gestión, revela la dificultad para articular una defensa consistente.
Para una administración que construyó su identidad política sobre la denuncia de la supuesta corrupción en la gestión anterior y colocó la ética en el centro de su discurso, la imputación del funcionario a cargo de esa área representa un daño difícil de digerir. El cuestionamiento a la celeridad judicial, en ese contexto, no suena a reclamo institucional, suena a incomodidad y demuestra un claro enojo por la fractura del relato poggista.