Berruezo, el fiscal de las cámaras
Rafael Berruezo volvió a hacer lo que mejor le sale, aparecer cuando hay micrófonos. Salió apurado a anunciar denuncias contra Alberto Rodríguez Saá, sobreactuando un protagonismo que no le corresponde y convirtiendo su rol institucional en una especie de conferencia de prensa permanente. Más que fiscal de Estado, parece estar en campaña para panelista judicial.
El problema no es que hable sino cuándo habla, porque mientras se mostraba activo, enfático y casi épico en causas contra la oposición, la Justicia avanzaba sobre un escándalo mucho más incómodo, como fue la imputación por ocho delitos de Ricardo Bazla, funcionario del propio gobierno al que él representa. Ahí, el Berruezo que irrumpe, interrumpe y denuncia no apareció (al menos no físicamente),
Y no es un detalle menor. En tribunales lo comentaban sin filtro: “menos mal que no vino el doctor, porque si no todavía estaría enumerando su currículum”. Una frase que pinta de cuerpo entero el personaje, más preocupado por la escena que por el expediente.
Ahí se revela el verdadero patrón. Berruezo no interviene donde hay gravedad institucional, sino donde hay visibilidad política. Se mueve mejor con cámaras que con causas incómodas, más cómodo en el show que en el silencio que exige la función. Al final, no es un fiscal que se excede, es un funcionario que actúa. según le indican.