Seguí acelerando, campeón: Milei gritó, insultó y no anunció nada
Si la política fuera una carrera, el Presidente eligió pisar el acelerador a fondo. El problema es que nadie terminó de entender hacia dónde iba el auto. En la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, Javier Milei habló durante horas, levantó temperatura, agitó enemigos y reafirmó su relato. Lo que no hizo fue anunciar un rumbo legislativo concreto para 2026.
El discurso fue intenso, confrontativo y cargado de descalificaciones hacia la oposición. Hubo “casta”, hubo “herencia”, hubo celebración del ajuste y reivindicación del equilibrio fiscal como bandera. Hubo tribuna propia y frases pensadas para viralizar. Lo que no hubo fue una agenda clara de proyectos con fechas, prioridades y estrategia parlamentaria.
La escena tuvo más clima de acto partidario que de ceremonia institucional. Y eso no es un detalle menor. La apertura de sesiones no es un mitin: es el momento en que el Poder Ejecutivo le dice al Congreso qué leyes necesita para gobernar el próximo año. Esta vez, el Congreso escuchó consignas. No recibió un mapa.
En 2024 el argumento fue el shock. En 2025, el ajuste profundo. En 2026 la expectativa era distinta: consolidación, acuerdos, institucionalidad. Sin embargo, el mensaje presidencial repitió el libreto de la confrontación permanente. Mucho volumen político, poca arquitectura normativa.
El Presidente volvió a destacar la baja de la inflación mensual y el superávit fiscal como logros centrales. Pero no presentó reformas estructurales nuevas en materia laboral o impositiva. Tampoco delineó una estrategia productiva federal ni un plan concreto para dinamizar economías regionales. Si hay un “segundo tiempo” del gobierno, todavía no mostró su esquema táctico.
La pregunta que queda flotando es si la estrategia oficial es gobernar en tensión constante o si simplemente no hay margen político para ampliar consensos. Porque el equilibrio fiscal puede celebrarse, pero la gobernabilidad requiere leyes. Y las leyes requieren acuerdos.
Mientras tanto, el interior observa. Provincias con presupuestos ajustados, sectores productivos esperando señales claras y economías regionales que necesitan previsibilidad más que épica. Desde San Luis hasta cualquier rincón del país, la incertidumbre es la misma: ¿qué viene ahora?
El oficialismo celebró la firmeza. La oposición habló de vacío de contenido. En el medio quedó una realidad incómoda: el discurso fue largo, la confrontación intensa y la agenda legislativa, difusa.
Milei volvió a acelerar. El motor ruge fuerte y el ruido político es ensordecedor. Pero en política no alcanza con revolucionar el motor. También hace falta dirección, volante y destino.
Por ahora, el velocímetro marca alto. El mapa sigue en blanco.