Trump baja el tono tras el caos migratorio en Minnesota
Tras semanas de tensión, protestas y represión en Minnesota por la operación migratoria federal “Metro Surge”, el presidente Donald Trump intentó este martes recalibrar su postura. En una llamada con el gobernador demócrata Tim Walz, aseguró estar “trabajando juntos” para calmar la situación. El mismo presidente que habilitó tiroteos en operativos civiles ahora dice buscar consensos.
La intervención federal, motorizada por el ICE, dejó hasta ahora al menos dos muertos y decenas de heridos. Fue diseñada como una demostración de fuerza política y migratoria, pero terminó como escenario de repudio ciudadano, demandas judiciales y un desgaste que hasta miembros del Partido Republicano señalan como excesivo.
El giro discursivo llega tarde. Trump busca dar señales de moderación cuando la violencia ya está instalada en los barrios, los videos de las redadas recorren el mundo y la comunidad latina de Minneapolis exige justicia. En el intento por recuperar terreno, hasta promete retirar parte del despliegue. No lo hizo antes. Lo hace ahora que el costo político sube.
Walz, Frey y líderes locales rechazan las formas, pero aceptan el diálogo. Trump, fiel a su manual electoral, busca desactivar el incendio sin pagar el precio. La pregunta no es si colabora. La pregunta es por qué esperó hasta ahora para hacerlo.